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Back Está aquí: Home De interés Cine y solo cine por Patxi Álvarez Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia): El teatro de la vida

Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia): El teatro de la vida

El director Alejandro González Iñárritu nos obsequia con su mejor obra desde "Amores Perros", Obra Maestra que rompe esquemas, ejercicio de estilo del que se hablará y mucho en los próximos años, film revolucionario rebosante de originalidad y mordacidad, puesta en escena Antológica, de maestría en la cámara Colosal, gracias a su plano secuencia (falseado), algo no arbitrario o caprichoso, apoyado en un guión del que se retroalimenta el estilo visual, un sublime homenaje al teatro, y a como el espectador de este medio ve una obra en un único plano-secuencia saliendo a relucir lo mejor y peor de un actor, apoyándose en un elenco actoral Magno, aguantando con tino minutos ante la cámara sin trampa, exponiendo sus almas de modo formidable. No apta a todos los paladares, es arriesgada, valiente, osada, arremete con ingenio contra los blockbusters fílmicos (sobre todo de superhéroes), contra caprichosos críticos, contra actores divos, contra las redes sociales de internet, etc...

 

El guión original del propio directos junto a Nicolás Giacobone ("Biutiful"), Armando Bo ("Biutiful") y Alexander Dinelaris, construyen una comedia agridulce, drama envuelto en dosis de humor negro, tributo al teatro, donde reside la pureza del arte de la interpretación, donde se mezclan todo tipo de géneros, con remarcados elementos de realidad mágica, conforme avanza el metraje se hacen más patentes en ambiguos recursos surrealistas que ahonda en la psique atormentada del protagonista. Se hace una tremebunda radiografía del mundo del teatro, la fugacidad del éxito, con sus envidias, problemas de financiación, lazos familiares, manías, frágiles romances, enfrentamientos, vicios, miedos, divismos, egos, inseguridades, maliciosos críticos, expuestos con ironía punzante en un relato en el que sobresalen las ganas de los humanos de ser queridos y aceptados.

Desde su inquietante inicio nos atrapa con un tipo en gayumbos blancos levitando en su camerino y una voz en off susurrándole cual Pepito Grillo perverso, sigue una presentación portentosa de personajes, delineándolos perfectamente. Desarrollándose la acción por sendero de redenciones, segundas oportunidades, de reinventarse, de combatir nuestros fantasmas, las frustraciones, se critica punzadamente el mundo de la fama, celebrities, estrellas de cine, aguijón en entrañas de productos vacios de contenido con que nos bombardea Hollywood para llenar sus arcas y ahuecar nuestros cerebros, virulenta sátira con constantes guiños cinéfilos, autoreferencias, incisivo torpedo al rumbo que ha tomado la Industria fílmica norteamericana, dardos envenenados contra el cine populista, exponiendo ácidas situaciones, narrado a ritmo trepidante, sin puntos muertos, sin descansos, coctel delicioso de comedia y drama espléndidamente equilibrado.

Historia en apariencia sencilla, conforme discurre se vuelve más compleja, aderezando sus secos momentos con sabrosas dosis de humor fresco, visión demoledora de la decadencia de los actores que alguna vez fueron famosos, tránsito inteligente por la trastienda del glamur, donde conviven personas que el guión humaniza de modo fascinante, compone diálogos (cínicos, divertidos, sardónicos, adustos, y sobre todo penetrantes) y duelos interpretativos Apoteósicos, despliegue fantasioso delirante cuando deriva al realismo mágico. Iñárritu nos sumerge en una odisea existencial a las entrañas de las inseguridades y debilidades del ser humano con el telón de fondo del estreno de una obra teatral, explotando sus demonios personales, un introspectivo juego de espejos, deconstrucción del poliédrico cerebro de un actor, poblado de mil personalidades, este busca con pasión la integridad de su alma y hallar la autoestima, dejando un poso crepuscular de melancolía e intensidad dramática. Las autoreferencias fílmicas donde se ataca con vigor a las cintas de superhéroes no se circunscribe únicamente a Michael Keaton y el "Batman de Tim Burton, también Edward Norton estuvo en la fracasada "Hulk" y Emma Stone en el reboot de "Spyderman" de Marc Webb.

Puesta en escena Descomunal, derroche de creatividad sin igual, desafío técnico, de enorme dificultad, milagro narrativo supremo, con transiciones entre escenas manejadas de forma virtuosa, extraordinario director de fotografía mexicano Emmanuel Lubezki ("Sleepy hollow"), se supera de sus epicúreos 17 minutos de entrada en plano secuencia en "Gravity", redobla la apuesta a un film entero, y sale victorioso, siendo co-protagonista su juguetona cámara que atraviesa ventanas, puertas, paredes, serpentea por pasillos angostos, por las bambalinas, por la azotea del teatro, por un sombrío bar, nos hace voyeurs de este teatro de la vida, paseándonos por sus laberinticos camerinos, escaleras, plateas, se eleva, baja, se suspende en el aire, órbita alrededor de los actores, se asoma a la calle emitiendo sordidez, una cámara nerviosa y eléctrica nos deleita junto a los actores, dotando de una agilidad narrativa al film impresionante, se une una tremebunda coreografía actoral, entrando y saliendo de plano, moviéndose con la cámara en una sinfonía visual Sublime, deriva en escenas tour de forcé entre actores que irradian naturalidad y espontaneidad. Se suma la fenomenal música de Antonio Sánchez (aparece en dos escenas tocando la batería), veterano de la batería acompaña de modo vibrante la acción y los tiempos muertos, con ritmos jazzísticos hipnóticos, acunando la intensidad adecuada en cada momento, recurso de altura, se suman extractos de música clásica de Ravel, Rachmaninoff, Mahler o Tchaikovski.

El diseño de producción de Kevin Thompson ("El legado de Bourne") es brillante, rodada en el Teatro St. James en la calle 44 de Manhattan, hace muy verosímil los escenarios, espectacular el trabajo de edición, curro que toma aquí importancia infinita para hacer invisibles los cortes,...para ello los montadores Douglas Crise ("Ocean´s Eleven" ) y Stephen Mirrione ("Babel"), crean transiciones indescifrables, provocando admiración e impacto en el espectador. Además Iñárritu juega con los escenarios a su antojo, cual prestidigitador coloca personajes en un camerino de la nada, los hace desaparecer, juega con los tiempos, los alarga, los comprime, con elipsis maravillosas, un mago deleitándonos en su mejor momento.

Michael Keaton siempre me ha parecido un actor infravalorado, aquí ha renacido cual Travolta tras "Pulp fiction", toma como punto partida lo que puede considerarse una autoparodia, ya que el actor más de 2 décadas atrás estuvo inmerso en la saga de superhéroes "Batman", la dejó hastiado del personaje y su carrera deambulo sin pena ni gloria desde entonces, hasta que el realizador mexicano le dio este papel Ave Fénix, y lo aprovecha con una actuación superlativa, emitiendo carisma, dignidad, nobleza, fragilidad, demencia, abatimiento, resignación, rabia, con un lenguaje corporal de estruendosa intensidad, moviéndose como un oso viejo, una actuación elegíaca con una mirada que transmite mundo interior, Sobresaliente.

Edward Norton aporta narcisismo y autoconfianza dejando entrever grietas de debilidad anímica, dota de matices su rol, divo con los pies de barro, con dosis de mucho humor, entrelazado con instantes de tristeza, sobre todo cuando se junta con Sam, y entre Keaton y él la química es gloriosa, saltan chispas de emociones encontradas entre ellos. Emma Stone deslumbra con una belleza salvaje revestida de candidez, conmoviendo su ingenuidad mezclada con picardía, atronadora en el monólogo que le espeta al padre, atizándole con saña (en un primer plano apabullante), y conforme atisba el dolor en su padre modula sus palabra hacia la compasión, o en sus momentos azotea con Mike/Norton, inquietante el juego de la verdad o acción, destilando gran compenetración, y hay que hablar de su cautivadores ojos azules que te subyugan. Naomi Watts representa las inseguridades al actuar, sus temores de pasar del cine al crudo teatro, excelente en sus interacciones con Norton. Zach Galifianakis en un rol alejado de su histrionismo cómico habitual nos ofrece un papel hilarante y con mucha mala baba. Andrea Riseborough expone emociones y sentimientos contradictorios en su relación con el neurótico Riggan, muy buena. Lindsay Duncan en una sola escena demuestra la buena actriz que es, exhibiendo convicciones morales discutibles y de porte despótico ARROLLADOR, menuda pata oral a Riggan le da .

El final da para muchas explicaciones metafísicas, Riggan sigue aquello de que hay que dejarse la sangre en el escenario para dar al público el mayor del realismo, o puede ser que Riggan harto de un mundo que lo oprime decide dejar este mundo a lo grande, y al fallar el tiro, a lo mejor subconscientemente, sale a relucir su verdadero yo, Birdman, o que al triunfar queriendo acabar con todo se da cuenta que al público hay que darle carnaza en formato morbo para tener éxito y decide dejar este mundo, o que al final el superhéroe Birdman ha terminado por devorarlo y es realmente un superhéroe, o que en realidad muere con el tiro, al acabar el plano-secuencia y el resto en el hospital es su subconsciente agonizando, esto lo aprovecha Iñárritu para reírse del público sediento de superhéroes de comic, un final rico en interpretaciones y que lo hace MAGNÍFICO.

OBRA MAESTRA de la que beberán muchos cineastas, film seminal que hará las delicias de los sibaritas cinéfilos, desde ya un Clásico Imperecedero, Atemporal y Universal, Iñárritu dará igual lo que haga de aquí en adelante será recordado por este Extraordinario film. Fuerza y honor!!!