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Back Está aquí: Home De interés Cine y solo cine por Patxi Álvarez La gran apuesta: Clase de economía intensiva

La gran apuesta: Clase de economía intensiva

La gran apuesta comienza situándose en los años 70 para contar la historia de Lewis Rainieri y cómo cambió la historia; un tipo que compró deudas hipotecarias a un precio de risa cuando el Gobierno americano decidió subvencionar las posibles pérdidas de los Bancos si no le pagaba la gente. Contado esto, la acción pasa hacia Michael Burry (Christian Bale), un tipo con un ojo de cristal que es especialista en sacar gran provecho de las inversiones que realiza para su empresa. Un día, descubre que el sistema inmobiliario está lleno de hipotecas subprimes; es decir, créditos que en la teoría son de mucho riesgo, puesto que se dan a personas que no tienen la capacidad de ser solventes. Pero como dice Ranieri al principio: "El riesgo es mínimo porque al fin y al cabo siguen siendo hipotecas. ¿Quién demonios no paga la hipoteca de su casa". Y con esto, Burry se encarga de ir contra el mercado y gastarse millones de dólares de su empresa para pegar el pelotazo. El negocio del siglo que parece gestarse llega a los oídos de Jared Vennett (Ryan Gosling), el cual ve una oportunidad para ganar dinero y quitarse de encima las presiones de sus jefes, que buscan cualquier detalle para echarle. Estudiada la estrategia se presenta en la oficina de Mark Baum (Steve Carrel), un broker financiero, y sus socios con el objetivo de que entren en el juego y se aprovechen del fallo. También, del posible chollo se entera una pareja de ambiciosos jóvenes (John Magaro y Finn Wittrock) que ve la oportunidad de aumentar aun más las ganancias que había tenido con otros negocios, pasando de cien mil dólares a treinta millones en apenas tiempo. Para ello, contarán con la ayuda de otro broker, pero esta vez ya retirado, Ben Rickert (Brad Pitt). Y con este complejo escenario, más otros personajes conocidos, se pondrá en marcha "La gran apuesta". Un espectáculo tan cruel como apasionante.

Adam McKay es uno de los hombres más importantes en lo que la comedia americana se refiere. Cuenta con una de las películas más alabadas de este género en los últimos diez años, como es El reportero: la leyenda de Ron Burgundy, y que contó con una esperada secuela en 2013. Y con ese estilo de no tomarse en serio el mundo del periodismo, lo traslada ni más ni menos que al apasionante ecosistema formado en torno a Wall Street. Tomando precisamente como referencia a Scorsese y el hilarante frenesí de la vida de Jordan Belfort, La gran apuesta se presenta como un huevo cuyo caparazón está fabricado a partir de una comedia alocada y que en su interior está lleno de un mensaje duro y a la vez triste. Nos hace recordar a Spotlight, su gran competidora, no ya en la forma que está realizada ni en lo que cuenta, pues están en las antípodas, pero sí en la manera de abordarlo. Parten ambos de temas concretos (Iglesia/sistema inmobiliarios) que se van agravando cuando los personajes empiezan a indagar más y más. Al mismo tiempo que la burbuja se amplía, el alcance es aun mucho mayor, involucrando, por consiguiente, a otros actores secundarios que estaban libres de sospechas.

El montaje que hace gala el film de Mckay es una fiel herencia de las obras de Scorsese. Obviando la cuarta pared, no tiene ninguna pega el director (también guionista) en que el tiempo se congele para que los actores nos hablen a la cara. Así, la historia será contada a través del personaje encarnado por Ryan Gosling, ya sea mirándonos directamente o mediante la voz en off. En el fondo es algo muy serio lo que se trata como para que pasen de largo. Junto a ello, una cámara que no se está quieta, imitando a las personas que se dedican al difícil mundo de la economía, y que corta la señal en medio de una conversación, provocando ansiedad y nervios en los espectadores. Claro, que todo eso es deliberado, y actúa con gran efectividad a la hora de ponernos en la piel de cada uno de los personajes que aparecen. Lo que ocurre en pantalla va a toda velocidad, como los números en la Bolsa, y es desarrollado a través de diálogos llenos de jergas macroeconómicas. El riesgo de caer en el desconcierto y, por ende, en la fatiga es grande al no entender los datos, cruciales en la teoría, que van pasando ante nuestros ojos. Y es que no todo el mundo sabe qué significa el concepto del CDO o sus variantes (CDO sintético o al cuadrado), una calificación crediticia, la triple A, un crédito subprime o unas permutaciones sobre bonos hipotecarios. Todos ellos acompañados de porcentajes que suben y bajan como la espuma al ritmo de los gritos y desesperaciones de los protagonistas. Se agradece que el director, consciente de la complejidad de entender este "idioma", haga gala de un sinfín de caras conocidas – Selena Gómez, Margot Robbie, un cocinero famoso o un pez gordo de la economía americana- con el fin de explicar todos esos vocablos ilegibles para alguien que no esté metido en el asunto. Pero, para el que escribe, estos recursos les son insuficientes – divertidos, sí; pero no del todo claros- que no llegan completamente a ser traducidos a un lenguaje comprensible. Eso no quita para que se llegue a comprender lo justo que permite seguir la trama aunque de una forma un tanto endeble. Al final, si uno se pone a pensarlo, esta maraña de confusiones no hace más que representar la realidad a la que se vieron envueltas millones de personas. Vennett lo deja claro en un momento determinado: "Wall Street ama usar términos confusos para hacerte pensar que sólo ellos pueden hacer lo que hacen. O aún mejor... Para que usted los deje de molestar". Toda una declaración de intenciones.

Es difícil decir quién es el protagonista de La gran apuesta, ya que, al igual que en Spotlight, cada uno de los personajes tiene el mismo peso. La diferencia es que aquí tratamos algo muchísimo más denso, y que hace sino liarse entre tantas tramas paralelas que son ya de por sí complejas de seguir. La pega de ello es que el intento de abarcar dramas concretos, como el suicidio del hermano de Baum o la infancia de Burry, en un océano gigante hace que no terminen de encajar del todo y queden incompletos. Amén de la corta actuación de la gran Marisa Tomei que parece quedarse un poco en tierra de nadie. Del resto de actuaciones, no hay nada que reprochar. Cada uno de ellos está fantástico, obviando a Brad Pitt y su papel más corto de lo esperado; lo cual nos hace pensar si, al igual que en Cannes se premió al reparto completo de Volver, la película dirigida por Almodóvar, en los Oscars se hizo lo mismo con esta o con el drama periodístico de Thomas McCarthy. Sería injusto situar la actuación de uno por encima del resto, a pesar de que se hizo con la sola nominación de Christian Bale.

Adam Mckay ha creado una comedia vertiginosa y anárquica; multitud de recursos técnicos que te meten de lleno en un auténtico viaje por el lado oscuro de la economía pero que, si aceptas las reglas, puede ser cien por cien disfrutable y divertida. Está bien tomarse a risa algo que termina siendo conmovedor con la salida de los créditos; pues si se hiciera de una manera seria, tendría el problema de caer en el tedio y en lo insoportable de no llegar a entender aun más algo que nos ha involucrado a todos. Sin duda, La gran apuesta se presenta como una película que provocará bandos; habrá quien la disfrute y habrá quien no. Si me preguntan, diré que me ha resultado una experiencia similar a la que me provocó Puro vicio: Un viaje psicodélico.