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#comic He visto ballenas. Entrevista a Javier de Isusi

comic ballenasEste año hemos visto el nuevo trabajo de Javier de Isusi, un trabajo sorprendente por el gran cambio de registro. En su nuevo libro se acerca desde una nueva perspectiva al conflicto vasco. Una obra que huye de estereotipos para favorecer el difícil entendimiento entre todas las partes implicadas.

Pregunta.: ¿Qué es "He visto ballenas"?
Respuesta: Esto prefiero que lo digas tú, que a mí me ha costado 150 páginas de cómic contarlo, si pudiera hacerlo en tres líneas mandaría twits en vez de hacer novelas gráficas (risas).

P: ¿Cómo nació la obra?
R: Un hermano mío me contó la historia real de un preso de ETA que en una cárcel de Francia conoció a un preso del GAL; ambos se hallaban en ese momento lejos de las posturas que tenían cuando ingresaron en prisión y se produjo cierto entendimiento entre ellos que aunque no derivó en amistad si derivó en otra cosa que podría definirse algo así como cierto sentimiento de "responsabilidad para con el otro". Cuando la escuché me emocioné tanto que se me pusieron los pelos de punta, aquella pequeña historia contenía los ingredientes de la reconciliación y pensé que merecía la pena ser contada.

P.: En "He visto ballenas" te acercas al conflicto vasco a través de tres personajes: Antón, un religioso cuyo padre fue asesinado por ETA, Josu, amigo de la infancia de Antón e integrante de la banda armada y Emmanuel, un mercenario que militó en el GAL ¿Cómo nacen los personajes y cuál es su papel en la obra?
R: Los personajes de Josu y Emmanuel están basados en los de la historia real, aunque voluntariamente alejados, incluso físicamente, de las personas que la protagonizaron. Esa lejanía voluntaria se debe a que son personajes de ficción, no forzosamente piensan o hablan como lo harían los originales, sin embargo siguen en lo esencial las pautas que los marcaron. El personaje de Antón en cambio fue totalmente inventado aunque estuvo presente desde el momento en que pensé en contar la historia. No quería contar una historia que fuera como un duelo entre dos victimarios, tenía que aparecer de alguna manera alguien que hubiera sufrido los efectos de su violencia. El personaje de Antón fue cogiendo cada vez más peso porque su proceso interno es también el más complejo y es, al final, el que cose toda la obra.

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P.: "Te perdono" será una frase que atormente a Antón. El perdón y el arrepentimiento están muy presentes en la obra.
R: Es que el tema del perdón es muy controvertido, tiene muchas aristas y escondrijos... No todas las sociedades consideran el perdón como algo valioso, es muy importante en la religión cristiana pero no lo es, por ejemplo, en la judía. Y en nuestra misma sociedad, con una tradición católica de siglos, para nada es unánime el considerarlo como algo valioso; "ni olvido ni perdono" es una frase hecha que se dice con orgullo, por ejemplo. Y sin embargo el peso de la educación cristiana está ahí y eso lleva a veces a profundas contradicciones internas. De todos modos el tema de la obra, más que el perdón o el arrepentimiento, es el encuentro. Lo que pasa es que para llegar a ese encuentro es bastante habitual pasar por, al menos, plantearse el perdón o el arrepentimiento, aunque luego éstos no tengan forzosamente por qué darse.

P.: ¿Cómo ha sido el proceso de documentación de la obra?
R: Lo cierto es que no me interesaba hacer un relato de tipo periodístico de la historia que me habían contado, no he tratado de ser objetivo sino todo lo contrario, he intentado meterme en la piel de cada uno de los personajes y poder sentir su subjetividad. Por eso no aparecen apenas referencias externas y la documentación que hice fue sobre todo a nivel interno, "¿cómo me siento yo si me meto en la piel de este personaje?". Sin embargo sí había un tema en el que me tuve que documentar bien para poder dotar de verosimilitud al relato (que también era fundamental para que lo demás resultase creíble) y es la vida dentro de la cárcel para los presos de ETA, que es algo que no conocía ni de primera ni de segunda mano. Para ello resultó fundamental poder hablar con gente que había pasado por esa experiencia.

P.: Para llevar a cabo el trabajo te has puesto en contacto con gente que ha vivido en primera persona el conflicto y sufrido sus consecuencias ¿Cuál ha sido su respuesta ante la obra?
R: Me puse en contacto con dos personas que habían perdido respectivamente marido y padre a manos del terrorismo y con una que militó en ETA y luego se salió. Su respuesta ha sido magnífica en todos los casos. Y es gracias a esa respuesta tan positiva que el libro está acabado. No me habría atrevido a publicarlo si alguno de ellos hubiera sentido que el libro les chirriaba por alguna razón.

P.: De forma tangencial vemos, tanto a través de la hermana de Antón como del hijo de Josu, cómo las acciones de los protagonistas repercuten en su entorno.
R: La historia está contada a diferentes bandas y muchas de las cosas que se leen no hacen referencia sólo a lo evidente, si no que hacen de espejo para aplicarlas a los otros personajes. Por ejemplo hay frases que dice Emmanuel pero que están hechas para leerlas dichas por Josu, lo mismo vale para Antón y lo mismo ocurre con su hermana. Ésa es la principal función de los otros personajes que aparecen en la obra: mostrar hasta qué punto, en el fondo, todos experimentamos un registro de emociones similar aunque varíe en su intensidad. Y a partir de ese punto que compartimos puedo empatizar con el otro porque el drama que él vive yo también lo he vivido. En el fondo conoPo su dolor, tal vez con otra intensidad que hace que su dolor y el mío parePan incomparables, pero lo conoPo y a través de eso puedo empatizar, me puedo encontrar con él y puedo llegar a entenderle. Naturalmente el proceso es más fácil si el otro también lo está intentando hacer. No puedo meterme en su cuerpo, no puedo mirar con sus ojos, no puedo sentir como él, pero puedo dejar un espacio al encuentro y al entendimiento, porque hay algo muy profundo en donde el otro y yo somos iguales.
Oscar Wilde en una de sus paradojas le daba la vuelta al mismo razonamiento y lo expresaba así: "lo único interesante de la gente es la máscara, no la realidad que se oculta tras ella. Es una confesión humillante, pero todos estamos hechos igual."

P.: En "He visto ballenas" da la sensación de que quieres ofrecer posibilidad de entendimiento entre todas las partes implicadas huyendo de estereotipos.
R: Es que los estereotipos son generalizaciones y no tienen nada que ver con las personas, nos alejan de ellas. No responden a lo que el otro es, o siquiera pretende ser, sino a lo que le ordenamos que sea. Por eso los personajes de esta novela no quieren ser el "prototipo del etarra", el "prototipo de la víctima" o el "prototipo del mercenario". Ninguno de ellos pretende condensar o representar las vivencias y sufrimientos de otras personas que pueden coincidir con ellas en esos aspectos, pretenden ser personajes únicos, como cualquiera de nosotros. Y ya puestos, son personajes que a mí me interesan; por ejemplo todos ellos apuestan, como pueden, por una evolución, ninguno de ellos quiere asentarse en el rencor, por más que éste forzosamente aparePa.

P.: Intentas mantener la objetividad escuchando y entendiendo todas las partes implicadas ¿Cuesta mantenerse al margen de juicios de valor?
R: A mí personalmente me pasa al revés, me cuesta mucho hacer juicios de valor. O mejor dicho: me resulta fácil enjuiciar las acciones de una persona, sobre todo si éstas contienen violencia, pero otra cosa muy distinta es emitir juicios de valor sobre la propia persona. ¿Cómo voy a emitir un juicio de valor sobre alguien si no estoy en su piel y no conoPo los entresijos vitales que le han llevado a ser como es y hacer lo que hace? Cada uno tendrá que asumir las consecuencias de lo que ha hecho, eso está claro, pero eso no impide que, si le escuchamos profundamente, tal vez podamos llegar a humanamente entenderle. Y con eso no quiero decir de ningún modo justificarle.

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P.: En un tema tan polarizado como el conflicto vasco ¿Te ha cohibido la posible respuesta a la hora de abordar la obra?
R: Sí... y no. Sí he pensado mucho en cómo podía sentar en unos ambientes o en otros, pero eso no me ha hecho alterar o suprimir nada. Mi prueba de fuego fueron esos tres lectores de los que ya he hablado (además de mi mujer y mis editores, por supuesto, cuya respuesta he considerado más necesaria que nunca), y aunque sí hubo numerosas correcciones, fueron de detalles concretos, en ningún caso de cosas de fondo.

P.: Los diálogos cobran una especial relevancia, mostrando el debate interno de cada personaje.
R: Sí, además al estar en un entorno tan cerrado como es una cárcel había menos posibilidades de "fugarme" en escenas más lúdicas. Así que en el tercer capítulo, que se desarrolla fuera de ella, en cuanto pude metí una escena de sexo (risas).

P.: ¿Qué ha sido lo más complicado de realizar de "He visto ballenas"?
R: Curiosamente, el dibujo. Digo curiosamente porque viendo mi anterior libro, Ometepe, parece una continuación del estilo. Sin embargo me costó mucho llegar a él. Yo quería hacerlo muy rápido, un libro en el que el peso recayera de un modo muy marcado en la historia y no en los dibujos. Quería hacer cuatro páginas por día... Fue imposible, ese empeño me tuvo bloqueado casi tres meses. Un desastre. Al final asumí que yo dibujo como dibujo y volví al laborioso proceso del lápiz y la acuarela.
P.: ¿Qué te aportan las acuarelas?
R: Capacidad de sugerir, inmediatez en el resultado, y en este libro en concreto, para lo que quería transmitir me ayudaba mucho el hecho de que las acuarelas no son nunca tonos definidos y muy concretos. Siempre hay matices, cosas incontroladas, diferencias de intensidad, de color... Que es exactamente parte de lo que cuenta la historia.

P.: "He visto ballenas" da la sensación de buscar el debate y la reflexión ¿Está la sociedad preparada para afrontar ese debate? ¿Son necesarias más obras que busquen el entendimiento?
R: Desde luego está más preparada que hace diez años y en eso tiene todo que ver el alto el fuego de ETA. Es muy complicado pedir capacidad de debate cuando hay muertos de por medio. Aún así las viejas inercias y dinámicas son muy difíciles de superar y por eso, sí, me parecen muy necesarias las obras que busquen el entendimiento y en cambio muy poco interesantes obras que hablen desde el punto de vista de victorias y derrotas. Dicho esto también aclaro que lo más importante en toda obra es la honestidad, y sin duda prefiero una obra que hable con honestidad aunque no comparta su punto de vista que una que hable impostadamente de entendimiento.

P.: A modo de epílogo, la historia cuenta con un relato ilustrado por Leticia Ruifernández ¿Cómo nace el relato?
R: Nace de una manera muy intuitiva. Cuando acabé el guión me quedé con la sensación de que faltaba algo y seguí escribiendo. Lo que salió fue ese cuento que no tenía ninguna relación con el resto de la historia y que se llamaba La guerra de los gigantes. Me daba cierto pudor que sonara a moraleja, pero lo cierto es que me gusta cómo cierra el libro. Y es que el libro, al final, habla de un montón de cosas y lo que hace el cuento es subrayar lo que yo considero que es el tema central de la obra. Y ha sido un gusto hacerlo mano a mano con Leticia.

P.: ¿Supone "He visto ballenas" un antes y un después en tu carrera?
R: Mmm... Eso lo podré contestar dentro de cinco o diez años. A priori no, el proceso tiene en realidad muchas similitudes con el que seguí al hacer Los viajes de Juan Sin Tierra. La diferencia es que entonces la documentación la tenía totalmente a mano porque era una obra basada en mis propios viajes y en este caso el viaje real lo han protagonizado personas que ni siquiera son cercanas a mí. Y tanto en la tetralogía de Juan Sin tierra como en He visto ballenas el trasfondo social tiene mucho protagonismo, con distintas intensidades pero es más que un decorado.

P.: ¿Proyectos?
R: Hablaba antes de Oscar Wilde. Ando con una historia ambientada en sus últimos años de vida... Pero, en definitiva: cómics, siempre cómics.

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