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“Éramos jóvenes y no teníamos nada que perder”. Entrevista a Gallardo y Mediavilla

Gallardo y Mediavilla son una pareja esencial de nuestro cómic. Como una feliz conjunción de astros, su encuentro dio lugar a la creación de algunos de los personajes más singulares de nuestras viñetas. Personajes como El Niñato, el Tío Emo o el propio Makoki recogen el sentir de una época que el tiempo ha convertido en leyenda. Un tiempo en el que El Víbora reunió a sensibilidades tan diversas como Max y sus evocaciones, la Anarcoma de Nazario o la paranoia constante de Martí, un tiempo de desparrame y talento en estado puro. Con Gallardo y Mediavilla recordamos esos momentos.


Pregunta: Han pasado más de 35 años de que hicieseis La Fuga de La Modelo, vuestro trabajo más recordado, pero ya teníais entonces un pasados común. En tu caso, Gallardo, vienes de Lleida a Barcelona y tú, Juanito, de tu Burgos natal. ¿Cómo os conocisteis?
Gallardo: Yo venía de la Massana y entré a trabajar en un estudio de animación de 'machaca' y allí fue donde conocí a Juanito. Allí se hacían comerciales de televisión como los de BollyCao o el de Rodolfo Langostino.
Juanito: Yo tenía un hermano en Barcelona y fui a caer en un piso en el cruce de la calle Hospital, en una de las perpendiculares de Las Ramblas y me empecé a mover con una gente que estaba terminando arquitectura y me quedé colgado por allí.
G.: Ese piso era un criadero de delincuencia pero el piso donde vivíamos también era de comer aparte. Trabajábamos en una mesa diminuta y pasaba de todo. Teníamos personajes de todo tipo a nuestra disposición.

 

P.: Comenzáis a colaborar y trabajáis a cuatro manos.
G.: Juanito venía de una escuela realista e incluso había hecho alguna historia de terror. Él fue mi maestro porque era el que sabía dibujar.
J.: Si hay algún maestro es Miguelito. Ahí no había nadie que enseñase. Yo había puesto los ojos en la gente de las Selecciones Ilustradas como Carlos Giménez o Josep María Beà. A mi me gusta más el dibujo realista pero me junté con Gallardo que es un hacha en el dibujo humorístico y cogíamos todo lo que salía. Allí dibujábamos como siempre se ha hecho, con lápiz, goma y tinta china. Hacíamos escaparates, publicidad... me acuerdo una vez que hicimos un trabajo para Starlux que nos llevaron a la fábrica y todo.
Gallardo: Ese fue el único año en la vida que tuvimos un lote de Navidad de la fábrica pero no había nada comestible, eran todo sopas en polvo y cosas así (Risas).

P.: Vivís una época muy especial de Barcelona.
J.: Decía Juan Marse la frase aquella de "Barcelona será bastarda o no será".
G.: Barcelona estaba en su apogeo. Era una Barcelona muy mestiza en la que había de todo. El problema es que los políticos decidieron que tenía que ser muy moderna y acabaron con todo eso. Fue una época muy divertida.

P.: Decía Nazario que la movida madrileña se ha reivindicado mucho más que la de Barcelona.
G.: En Madrid tuvieron el acierto de hacer una música pop que entraba muy fácil. Los músicos aquí venían del rollo del jazz y la cultura clásica y era bastante más indigerible. En el cómic, sin embargo, ha sido mucho más importante Barcelona que Madrid.
J.: También ha habido grandes músicos. Me acuerdo de La Banda Trapera del Río, de Manolo García... Del extrarradio había grandes guitarristas. La gente de la rumba catalana era fantástica también.

P.: En esa época colaboráis en muchas cabeceras: Disco Express, Primera Línea...
Ya había un rollo de fanzines dibujados en el que estaba Nazario, Max y toda esta gente y estaba la música de fondo, por supuesto. Lo de Disco Express fue una casualidad. Me llamaron para maquetar la revista. Yo nunca había maquetado y no tenía ni idea. Empecé a ilustrar canciones y Gay (Mercader) me dijo que estaría bien hacer un personaje. Hice una primera historia y después entraría Juanito con los guiones. Lo hacíamos todo a cuatro manos. Juanito se ocupaba de los fondos y de la narración porque yo no daba pie con bola.

P.: Aparece Makoki, que ya no os abandonará.
G.: Nunca más (Risas). Mucha gente piensa que la creación de un personaje es una operación de marketing pero en nuestro caso fue fruto de una casualidad.
J.: En esa primera historia Miguelito se basó en un texto de Felipe Borrallo que salió en un fanzine que se llamaba "La Claraboya". La mayor virtud y el mayor defecto de la historieta es que lo hacíamos sobre la marcha y le da a todo un aire dislocado. En "El Pase" le decía a Miguelito que si repasaba él todo el dibujo estaba todo animado, los personajes se salían de la página.

P.: Ese aire de locura, de aprender sobre la marcha, hace que mantenga la frescura casi 40 años después.
G.: Se aguanta muy bien porque está muy bien construida. En eso Juanito siempre ha sido un monstruo. En la época, además, no teníamos documentación ni nada. Teníamos dos postales de cada ciudad y con eso nos arreglábamos. Todo era una narración que no tenía freno. Los personajes están tan bien caracterizados que con una pequeña ayuda corrían solos.

P.: Las expresiones coloquiales son importantísimas.
G.: Eso era Juanito, que iba siempre apuntando cosas y tenía los bolsillos llenos de papelitos.
J.: Tampoco tiene nada de especial. Eran cuatro cosas pero la primera vez que la gente las veía reflejadas en un tebeo y por eso les parece más de lo que era. Por ejemplo lo de 'Se lo ha hecho por la patilla'. Significa por la cara, por la jero. Es un pequeño ejemplo. Había un diccionario de palabras malsonantes argentinas (era un diccionario de Lunfardo) y era fantástico. En el álbum de la OTAN había un par de personajes argentinos y eran buenísimos.

P.: La Basca nace para El Víbora en una época mítica en la que la revista aglutinaba a los grandes creadores de la época.
G.: Como Makoki salía en Disco Express, Berenguer nos decía que no lo quería. Empezamos a hacer unas historias un poco perdidas de Drácula y Frankenstein y le pedimos que, si no podíamos usar el Makoki por lo menos que nos dejase usar La Basca. Makoki no sale en todo El Víbora, solo al final de La Fuga de La Modelo en plan intervención estelar.

P.: El Tío Emo será uno de los grandes personajes de La Basca.
J.: El Tío Emo de Emociones. Era un esquizoide que conocía yo. Era pura electricidad. Además del Emo había otro emocionado al que llamaban El Fósforo. Como las cerillas, en cuanto le rascabas se incendiaba todo. Era pura dinamita.

P.: Frente al Tío Emo estaba El Niñato, al que cogéis un especial cariño.
G.: En la época estaban El Vaquilla y todo ese cine quinqui y veíamos la necesidad de rejuvenecer un poco la pandilla. Fue muy curioso porque, como no sabíamos cómo hablaba la gente joven le convertimos en un personaje mudo.

P.: Con El Niñato mostráis vuestra relación y la de toda una generación con las drogas.
J.: El Niñato iba de castigarse las venas y de pastillas. El Niñato más que hablar las liaba y te enterabas de lo que hacía por la bronca que le echaba el Tío Emo. En cuanto te dabas la vuelta te preparaba una.
G.: Sí que es cierto que le cogimos un cierto cariño. De hecho es el único personaje que tiene casa y familia ubicadas en San Adrián.
J.: El padre trabajaba repartiendo gaseosas. Al padre le tiene aburrido y la madre es una leona para su hijo. Si por él tiene que matar, mata.

P.: Los lectores enseguida quedaron prendados por El Tío Emo y El Niñato y de hecho cada uno tiene su propia historia: Érase una vez en el barrio y Los sueños del Niñato.
G.: A lo largo de las historias se iban reflejando las ideas de Juanito y las mías. En Los Sueños del niñato se ve mi necesidad de expandirme gráficamente. Erase una vez en el barrio es muy de Juanito, aquellas historias de Burgos con su gente. Cada uno pudo hacer lo que quería.

P.: Makoki empieza a ser algo más que un personaje. Paraíso le dedica una canción y años después Kortatu canta revuelta en el frenopático.
G.: En un momento dado nos convertimos en Rock Stars. aunque nuestras pintas no coincidían mucho con eso. En una ocasión fuimos al Rockola y acabábamos cantando en el escenario porque el grupo no pudo ir. Nos tirábamos a lo que fuese. Para la época teníamos un montón de merchandising: camisetas, lámparas... de todo pero era muy cutre y el cobro era que el tipo encargado nos diese un ejemplar de cada cosa. Si hubiese sido una dimensión de música igual hubiésemos pillado algo.
J.: Es halagador. Te gusta pero tampoco va más allá. Lo que me ha molestado más es que siempre se ha hablado de lo nuestro como barato y da pena. Tenemos un techo de lectores que, si estuviésemos en Francia, sería otra cosa.
G.: Bueno, si fuese Francia igual habría un parque temático de Makoki (Risas)

P.: ¿Sigue enganchando Makoki a las nuevas generaciones?
G.: No lo tengo claro. En Sagunto tenían pensado un experimento. Darle a leer un Makoki al becario sin referencias y a ver que pasaba. No sé si se hizo al final. Lo que es cierto es que en su época El Víbora sí que pasaba de los hermanos mayores a los pequeños pero ahora, con todas las cosas que hay, es difícil que llegue, sobre todo por el tema del argot.
Hace poco estuve en Medellín (Colombia) y allí dí con un grupo de fans que se habían quedado colgados con Makoki. Por lo visto llegaron unos ejemplares de El Víbora hace 20 años y estaban encantados de mi presencia allí.
El otro día estuve con mi director de la sucursal del Sabadell y me decía que él se leía Makoki y yo pensaba: ¿Cómo habrá llegado aquí?
Yo creo que engancha a la gente a una época en la que había sido feliz. Una época en la que leía canutos y leía El Víbora.

P.: ¿Cómo era El Víbora de los comienzos en el que los autores decidíais tanto como el director?
G.: Cuando llegamos a Barcelona ya estaban allí gente como Max o Nazario, que hacían cómics realmente 'underground'. Hacían fotocopias y las iban vendiendo. Estábamos todos desparramados por allí y todos fuimos al Víbora. Éramos un grupo muy apretado. Coincidíamos en todos lados y formábamos una piña. Cuando llegó la nueva generación de Miguel Angel Martín y demás ya no se pudo repetir. Lo aprendimos todo y nos lo pasamos bomba. En ningún momento tuvimos la sensación de que estuviésemos haciendo algo revolucionario. Hacíamos lo que queríamos y nos lo pasábamos bien.
J.: Gracias a El Víbora alcanzamos la madurez narrativa para encontrar cada uno como contar su historia. Ten en cuenta que El Víbora se hacía con material autóctono de aquí, Cada uno contaba sus películas: Martí con sus paranoias, Mariscal con sus Garriris... era material específicamente creado para la revista. Eso hoy en día, que se busca abaratar costes, sería imposible. Fue bueno para el oficio, fue bueno para la gente que le gustaba hacer historietas y para todos nosotros.
G.: La diferencia con la generación anterior, Luis García y compañía, con los que nos llevaríamos 10 años, es que ellos venían de aprender el oficio. Se aprendía trabajando en el estudio de otros dibujantes y después se iban profesionalizando. Trabajaban con guiones de fuera de género, románticos, de ciencia ficción... Lo que hizo El Víbora era dar salida a un montón de gente que venía de sitios muy distintos, unos de Bellas Artes, otros de Psicología y otros que querían contar sus cosas sin más. No teníamos ese oficio sino que lo aprendimos sobre la marcha pero la gran diferencia era que estábamos contando cosas que sucedían aquí y no aventuras fantásticas. Antes no era fácil. Aunque de vez en cuando colaban algo, en Bruguera no existían las pesetas sino las rupias y los policías eran bobbies ingleses, nosotros fuimos los primeros que sacamos policías de verdad.

P.: En ese Víbora los dibujantes participabais en las decisiones e incluso había consejos de redacción en los que decidíais los contenidos ¿Cómo eran aquellas reuniones?
G.: Recuerdo que un amigo de Calonge que era psicologo venía a solazarse de la locura que era aquello. Recuerdo un día a Juanito subido a la mesa insultando al Berenguer. Era un desparrame total.

P.: Protagonizáis una de las primeras huelgas de cómic.
G.: Una de las primeras y de las pocas que salieron bien. Nosotros veíamos como todo aquello iba creciendo y seguíamos cobrando lo mismo. Le planteamos una subida pero en condiciones. No de 1.000 a 2.000 sino como de 1.000 a 10.000. Al principio no se lo creía pero vio que iba en serio y que si no lo hacía no dibujaríamos. Éramos jóvenes y no teníamos nada que perder, así que salió bien.

P. Antes hablabais de oficio. Recibís un sueldo mensual que os permitía crecer como autores.
G.: Ese fue el acierto para poder vivir de eso y poder aprender. Teníamos que hacer una historieta cada mes así que no teníamos más remedio que aprender. Era muy gracioso porque en El Víbora al principio se cobraba por semanas, el viernes era el día de cobro así que pretendíamos sacar trabajo para cobrarlo. Incluso se cobraba por tener ideas. Nos podíamos dedicar solo a eso. Hacíamos 8 o 10 páginas al mes en una época en la que los pisos estaban baratos y la vida también. Vivíamos bien pero sin lujos.

P.: Tu primera opción, Juanito, era acercarte a ese mundo del que habla Gallardo de Selecciones Ilustradas mientras que en tu caso, Gallardo te aproximas al mundo de Bruguera.
J.: Yo me fijaba más en el mundo de mis padres y Gallardo en el de sus abuelos. A mí me gustaba mucho Dani Futuro pero a Gallardo le gustaba más lo de Bruguera, de hecho tiene una el tipo portada preciosa en la que sale el Niñato en una Vespa con una rubia detrás que es como del Tio Vivo.
A mi me gustaban los aviones bombardeando a los stukas y todo eso pero las circunstancias me llevaron a estar con esta peña de salaos.
G.: Me llevo cinco años con Juanito. Es la diferencia abismal.

P.: Las revistas luego se recopilaban en álbums que se han ido reimprimiendo desde entonces.
G.: Sí, hace poco sacó un integral Mondadori y es que, aunque hicimos las cosas a trancas y barrancas estaban bien esas historias.

P.: Con Makoki habéis pasado momentos de altibajos. Desde el momento en el que Berenguer le da su propia cabecera hasta el final en el que decides matar al personaje.
G.: Con "Yonkis del espacio" ya teníamos un agotamiento total. Se acabó como se pudo. Esto no era Mortadelo que se podía repetir de forma eterna. Nuestras vidas habían cambiado y no tenía sentido.
La muerte de Makoki fue un pataleo mío de ver hacía dónde se estaba llevando al personaje. No sirvió para nada porque el personaje sigue vivo y pedaleando.

P.: En tu caso, Gallardo, te has reconciliado con el personaje. Nazario ha escrito sus memorias pero da la sensación de que los que vivisteis ese momento habéis acabado muy escaldados con el medio.
G.: Básicamente porque Berenguer se fue deshaciendo poco a poco de nosotros para ir introduciendo gente nueva que le diese menos guerra. Coincidió con el hundimiento de las revistas y el panorama era desolador. No había nada.
La época de El Víbora estuvo bien pero durante una temporada estuve cansado de llevar en la chepa al personaje. La gente me asociaba con el personaje y no quería que saliese de allí y me cansé pero al final me he reconciliado con él. De hecho si no hubiese hecho Makoki no hubiese llegado a hacer María y yo.
J.: Yo nunca me he cansado de Makoki. De vez en cuando releo las historietas que hice con Gallardo y me gustan mucho.
G.: Más allá de lo que cobrásemos y demás lo que más nos gustaba al terminar las 8 páginas era ponerlas en el suelo, mirarlas y descojonarnos. Era el momento álgido de nuestra historia. Mirar lo que habíamos hecho y reírnos. Y yo aún me sigo riendo. Eso es porque las historias aguantan. Hay un humor que caduca y otro que no y eso es porque lo nuestro es heredero de la picaresca clásica y en todas las épocas hay buscavidas.

P.: Paco Roca recreó en "El invierno del dibujante" la época del Tio Vivo. Carlos Giménez haría en "Los Profesionales" lo propio con la éoca de Toutain. ¿No sería necesario recrear la época de El Víbora?
G.: Puede ser pero quizás haría falta alguien que no sea de nuestra generación para que lo cuente. Alguien imparcial que escuchará las historias y lo pudiese concretar. Nosotros estamos muy quemados ya.

P.: La trayectoria posterior de Gallardo es bien conocida pero en tu caso, Juanito, es más complicado seguirte la pista. Haces las historias de Juan Jaravaca y no sabemos mucho más.
J.: Como dijo el poeta, mis naves no son todas iguales, las tengo a millares. La vida me ha dejado como ese trapo con el que el carnicero limpia sus cuchillos. He hecho poco y no me gusta mucho lo que he hecho. Tendría que tener otro Gallardo al lado.
G.: Yo sigo pensando que Juanito sigue teniendo mucho que contar. Luego la vida te lleva a un lado u otro pero sigo pensando que Juan Caravaca es una obra cojonuda que habría que reeditar.

P.: Autores como Sento han vuelto con el auge de la novela gráfica a ilusionarse con el medio. ¿Te animarías Juanito?
J.: Que va. Como diría mi madre, soy un flojo.
G.: Si Juanito se decidiese a contar sus memorias sería un puntazo. Tendríamos que mandarle un negro a Juanito para que le escuche la chapa y escriba la historia.

P.: ¿Proyectos?
G.: No sé si había un proyecto de recuperar los Sueños del Niñato y creo que la recuperación de Juan Jaravaca. Me sigue pareciendo un libro de sibaritas
J.: Me gustaría recuperarlo pero no sé. Makoki era como un torbellino y Juan era algo que hacía más para mí, una rúbrica. Me encantaría pero no sé si se podrán recopilar todas las páginas. Yo creo que sería un material que, si saliese iría funcionando poco a poco.

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