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Back Está aquí: Home De interés El mundo del comic con Infame&Co “No siempre hay que decirle al lector lo que tiene ganas de oír”. Entrevista a Manel Fontdevila

“No siempre hay que decirle al lector lo que tiene ganas de oír”. Entrevista a Manel Fontdevila

Manel Fontdevila es uno de los grandes nombres del humor, un autor imprescindible conocido por todos gracias a su gran labor en "El Jueves". Allí crea "La Parejita", colabora con Albert Monteys en "Para tí que eres joven" e incluso dirige durante 4 años la revista. Lejos de acomodarse, compagina sus colaboraciones con proyectos más personales en los que dar rienda suelta a su gran creatividad. Ha participado en el periódico "Público" hasta su cierre y posteriormente continúa su labor en Eldiario.es, donde se consolida como un referente en el humor gráfico actual al reflejar como nadie la sinrazón de la crisis actual. Con Manel Fontdvevila repasamos su trayectoria.

 - Pregunta: Comienzas a publicar en una época en la que aún eran habituales las revistas de cómic, de hecho tu estreno fue en tres revistas a la vez: El Vibora, Makoki y El Cairo ¿Cómo recuerdas a aquella época?

 

- Respuesta: Es diferente cómo la veo ahora que cómo la vivíamos entonces. En ambos casos la sensación es la de estar llegando a una fiesta cuando ya se está yendo todo el mundo, pero en el momento no podías ser consciente de la magnitud de la tragedia, de que estaban llegando los noventa, el final definitivo del modelo de revistas y de la industria tal como la conocíamos: el precio por página, los capítulos autoconclusivos hasta completar un álbum, todas estas cosas. Bueno, el caso es que empecé a trabajar en esas revistas que dices. Al principio se dio esta especie de coincidencia, tres a la vez, pero enseguida me concentré en Cairo, que fue también la primera de ellas en cerrar, así de fino era mi olfato. Cairo cerró con dignidad, con todas las deudas pagadas (de hecho, Norma Editorial sigue ahí), pero ya el resto fue un naufragio contínuo. De Cairo pasé a Toutain, que en los primeros 90 ya era decadencia pura, y de ahí a Makoki, otros que tal. Hay quien recuerda la época de las revistas como un techo de nuestro cómic. A mi se me eriza el vello de la espalda solo de pensar en la posibilidad (remota, afortunadamente) de despertar de nuevo en ese gran momento histórico.

- P.: En tus comienzos formas un dúo singular con Pep Brocal, con el que realizas "Hola Terrícola" y "Testimonios" ¿Cómo nace la colaboración y cómo organizabais el trabajo?

- R.: Pep Brocal estaba en la facultad de Bellas Artes, y enseguida hicimos buenas migas. Supongo que teníamos inquietudes parecidas, y muchas veces nos sorprendíamos buscando en direcciones idénticas. También pienso que ambos nos sentíamos un tanto desplazados, no sólo del ambiente "artístico" de la facultad, eso venía con el contrato, sino también del cómic que entonces funcionaba. Con todos mis respetos por los De Felipes y Alan Moores del momento, con Pep lo que nos acababa obsesionando eran ocho páginas de Kurtzman que te llegaban de no sé donde, una ilustración de Ever Meulen que pillabas por casualidad o un capítulo del Lloyd Llewellyn de Clowes mal fotocopiado en el primer número de "El Dado"... pistas que ya entonces nos decían que un mundo mejor es posible.
Pep es un dibujante excepcional dedicado, aún hoy, a jugar con su talento y a convertirlo en exactamente lo que quiere según le haga falta. Entonces estaba en un momento precisamente muy Kurtzman, y así hablando nos planteamos lo de realizar algo conjuntamente. Él venía de dibujar "John Pájaro" con guiones de Óscar Aibar, que también rondaba por ahí, y pensamos en hacer algo más humorístico a partir de lo que era la serie B y otros elementos de la Cultura Pop: televisión, rock, cine, novela negra, monstruos clásicos, cualquier cosa que nos gustara. Si bien él acababa dibujando todo y yo redactando los diálogos, intentábamos que el proceso, construir la historia, fuera algo más conjunto. En el álbum pusimos "Guión y dibujos: Manel Fontdevila y Pep Brocal", sin diferenciar ambas partes del proceso.

- P.: También con Brocal realizas el fanzine Mr. Brain, una cabecera que con solo 5 números se convierte en mítica. ¿Qué os lleva a realizarlo?

- R.: Por un lado, que ya no había más revistas y algo había que hacer. Pep había montado un estudio de diseño con Padu, yo andaba malviviendo por ahí. Creo que ellos habían presentado no sé donde un tebeo basado en Pinocho, que fue rechazado; yo iba pensando ya en lo de "Rosenda", incluso había dibujado el primer capítulo para Toutain, que entonces intentaba reflotar "Comix Internacional" en Zinco, y que me dijo que ni hablar. También nos habíamos encontrado a Juan Carlos Gómez en el cine, y llevaba unos "Gorka" recién salidos de la imprenta, con los que inauguraba el proyecto Camaleón. Yo había estado en Londres y me había traído los primeros Eightball, que nos tenían alucinados. Y Padu decía que con el poder de la informática, el "hágalo usted mismo" había dado un paso de gigante. No sabría decirte el orden exacto en que pasaron las cosas, pero finalmente lo de hacer una revista nos pareció de cajón. Aunque también, insisto, era o esto o nada.

- P.: Una constante a lo largo de toda tu trayectoria es la colaboración con fanzines ¿Qué te aporta?

-R.: Por una parte, lo dicho, publicar cuando no hay otra opción. Y luego, dibujar lo que me apetezca, que tampoco está nada mal. En Mr. Brain acentuamos el concepto "cajón de sastre pop" que ya se intuía en "Hola Terrícola", pero añadimos, por ejemplo, algo tan poco comercial como la visión de Marcel, cuyos guiones había dibujado en "Testimonio" y que era un outsider total, una visión del tebeo radicalmente distinta de lo que pudieras ver en cualquier resto del naufragio de la época. También hicimos algunos experimentos con otros dibujantes, entre ellos un primer acercamiento al cómic autobiográfico que, de alguna manera, ya empezaba a olerse desde Francia. Trabajar con libertad, en resumen.
Para el sexto número, que no llegó a salir, nuestra idea era dejar el mundo de las referencias cool y apartarnos de los géneros, ofrecer un tebeo quizás más cercano a la literatura. No sé. En cualquier caso, mi idea era publicar allí "Contra los dentistas pobres", lo que luego sería la historieta larga de "Mantecatos". Ya entonces tenía la idea de hacer un libro de cuentos (los formatos demasiado largos siempre han sido para mi un problema), o sea que, cerrado ya Mr.Brain, fui prepublicando las historias de ese libro en varios fanzines de la época: "Nosotros somos los muertos", "Idiota y diminuto", "Dínamo"... La gente que hace fanzines suele ser abierta y entusiasta, por lo que de vez en cuando uno se deja arrastrar muy a gusto a su terreno.

- P.: El año 95 te unes a la plantilla de "El Jueves" a través de la revista "Puta Mili". Ya entonces surge la que será tu serie más emblemática "La Parejita" ¿Cómo nacen los personajes"?

- R.: No lo recuerdo exactamente. En cualquier caso, ellos me propusieron la colaboración y, como la mili no la había hecho, me llevé la historia a otro terreno, el de la pareja y lo que sería la comedia de equívocos: la premisa era que el chico, Mauricio, era llamado a filas, y la chica, Emilia, en un momento de gran arrebato amoroso, se vestía de chico y hacía la mili con él.
En fin, yo no había hecho la mili y, puestos a decirlo todo, tampoco tenía pareja, con lo cual no es que mi invento diera súper resultados... pero entre una cosa y la otra la serie aguantó varios años, hasta que ya tenía los personajes bastante pillados y me planteé lo de ponerlos a vivir otra historia, ahora ya más en serio: la de "La Parejita", el costumbrismo total. Además, entonces ya sí vivía en pareja, ya veía en directo que ahí había tema y tal. El mismo día en que, por la mañana, firmé mi primera hipoteca, por la tarde me llamaron para decirme que cerraban "Puta Mili". De repente había muchísimo tema, muchísimo.

- P.: "El Jueves" marca el formato en el que se desarrolla la serie: la página con gag final ¿Es complicado ajustarse al formato?
- R.: Es un formato quizás complicado, pero era mi favorito de siempre: el de la Bruguera, el del TBO, que es lo que se leía en mi casa. Incluso Mafalda, otra lectura que me influyó fuertemente, son tiras, pero concentrando muchas veces una cantidad de información más propia de una página. El propio "El Jueves" ya era para mi una lectura habitual desde los trece o catorce años.
Por otro lado, en mis colaboraciones en la prensa local ya había tenido ocasión de hacer muchas pruebas con la página autoconclusiva. De muy jovencito entró en casa un libro que me impactó: "El Gran Quimet" (en español "El extraordinario Pepe", en francés "Le grand Duduche"), de Cabu. En el 69, Ed. Tàber hizo una cuidada edición del primer tomo de la serie, y en fin, era tan bueno que no podías dejar de darte cuenta. En Mafalda estaban los personajes, las expresiones, el ritmo, y en Duduche la puesta en página. Cuando me puse a hacer páginas siempre lo tuve muy presente. De hecho, aún sigo muy devoto de Cabu.
El formato tiene ese punto determinante del gag final: tienes que acabar riéndote, de lo contrario es que la página está mal. Es un producto casi matemático, una ecuación, y por lo tanto a veces te constriñe un poco, sacrificas todo lo que podría pasar en la página para que acabe sucediendo ese gag. Una de las evoluciones más interesantes que ha sufrido el humor es, precisamente, haberse podido quitar de encima esta premisa, poder basar el chiste en cuestiones más de tono, de desarrollo, incluso de puesta en página, de una forma mucho más libre... un ejemplo claro sería el "Silvio José" de Paco Alcázar, o lo que hacen Jonathan Millán o Miguel Noguera. Hombre, un buen gag final es algo que no se tira, pero afortunadamente hoy ya se puede afrontar el tema de muchas otras maneras.

- P.: Lejos de estancarte en la repetición continua de las mismas situaciones, los personajes van creciendo con los lectores ¿Tenemos "Parejita" para rato?

- R.: ¡No lo sé! Mi intención siempre ha sido que la Parejita evolucione, que la serie vaya cambiando con los años, pero ahora mismo tengo al hijo que... bueno, la historia sigue siendo la de ellos dos, el niño es prácticamente un secundario. De vez en cuando protagoniza la trama pero el foco sigue en Mauricio y Emilia, y no solo eso: al haber tocado un poco el tema de la crisis de los cuarenta, el foco se ha cerrado incluso un poco más sobre Mauricio. Pero esto no puede continuar así eternamente, si ellos crecen, el niño crece, con lo que tiene que ser un personaje de pleno derecho... construir un nuevo personaje, un nuevo protagonista, ¡esto es una responsabilidad! Habrá que hacerlo, por supuesto, sin prisa pero sin pausa... En cualquier caso, lo inmediato será cerrar ese libro sobre la crisis de los cuarenta.

- P.: Con los personajes de protagonistas escribes dos libros de referencia para todo padre primerizo "Guía para padres desesperadamente inexpertos" y "Somos padres, no personas". En "Guía" sigues el proceso de embarazo y como afecta a la pareja ¿Fue muy complicado el proceso? ¿Cuántas ediciones llevan ya los dos libros?

- R.: Esto sale, obviamente, de un momento de estancamiento de la serie. Además, yo ya tenía a mis dos hijos y todo lo que era una pareja joven y socialmente irresponsable empezaba a quedarme un poco lejos, o sea que me lié la manta a la cabeza y me metí a ello. Ya de entrada había la idea de convertir todo en un libro, por lo que intenté un seguimiento bastante detallado del proceso, tanto a nivel calendario como a nivel emocional, desde que se toma la decisión hasta... bueno, lo de los niños ya no se acaba nunca, pero el primer libro se corta con un año de vida de la criatura. El segundo completa un poco esta parte.
El lector de El Jueves no recibió con mucho agrado el cambio de rumbo de la serie, y aún es un lugar común recibir cartas que, igual que aseguran que "El Jueves de antes sí que molaba", añaden también que "La Parejita es un rollo desde que tuvieron al niño"... Igual es verdad, pero yo ya no puedo hacerlo de otra manera. Esto incluso llegó a preocupar en redacción, donde se me propusieron soluciones como que una semana tuvieran niño y otra no, pero de repente el libro funcionó estupendamente y ya no sé habló más del tema. El libro ha salido del circuito habitual, ha encontrado un público fuera del cómic, creo que incluso fuera de "El Jueves". De la "Guía" hay cinco ediciones, del otro, cuatro.

- P.: Pronto comienzas la colaboración con otro monstruo del humor "Para ti que eres joven", en la que cada semana analizáis un tema de actualidad ¿Cómo elegís los temas y organizáis el trabajo? ¿En algún momento os habéis planteado dejar la serie?

- R.: Con Albert hay algo que hace que nuestro humor combine bien y no haya que marcarse muchas pautas para ponerse de acuerdo. Esto, además, es algo que creo que se ha acentuado con el tiempo, porque cuando hemos querido dar giros más surrealistas o cambios puntuales en el formato, la conexión sigue ahí. No sé si es generacional o que tenemos posos culturales parecidos, o simplemente que llevamos muchos años con ello y el producto ya tiene una especie de tono en el que ambos nos movemos con comodidad. También debe influir que ambos nos respetamos mucho como autores, creo que nunca he leído nada de Albert que no me guste.
Alguna vez nos hemos planteado dejarlo, pero por lo que sea, al final ahí seguimos. Preferiríamos, eso sí, terminar antes de ser el típico producto desconectado de la realidad que ya no hace gracia a nadie. Que es algo que acaba pasando. No sé, ya veremos. Con el tiempo nos hemos quitado la obligación de parecer juveniles (al fin y al cabo, "Para ti" indica que el joven es el lector) y creo que es una mejora en todos los aspectos.

- P.: Entre los años 2000 y 2004 pasas a ser director de la revista ¿Es complicado el paso de autor a director? ¿Cómo afectaba a tu trabajo?

-R.: A mi siempre me han gustado mucho las revistas. Una revista que funcione, que no sea sólo un contenedor de series sino que consiga tener y transmitir un cierto espíritu, es una experiencia que marca a sus lectores. El Víbora en sus buenos tiempos irradiaba esa especie de comunión total de los autores, los lectores y el propio objeto impreso, con todos sus textos y dibujos, incluso los más infumables: aquello era "tu revista". El Jueves también era de estas, con lo que la posibilidad de dejar la huella de mi zarpa en su historia me pareció magnífico.
Pero siendo director me encontré precisamente con esto, con un producto muy consolidado en el que introducir cualquier cambio era, básicamente, un proceso muy complicado, un poco para las grandes ocasiones. De vez en cuando acababas metiendo a alguien, claro, pero a veces el problema de las cosas está más en lo que sobra que lo que falta... Esto no quitaba, además, que si un día pasaba por ahí el cantante de los Mojinos Escozíos y decía que le apetecía publicar un texto semanal, se movía cielo y tierra para que ello fuera posible. De hecho, más que cambiar series, me hubiera gustado cambiar un poco ese tono, ese mojinismo que para mi gusto pesaba demasiado en la revista. No sé, llegó un punto en que me sentía un poco atrapado, me pillaba muy lejos (casi tres horas diarias en el tren), dibujaba ya poquísimo y, en definitiva, dejó de interesarme. Y lo dejé.

- P.: Poco a poco vais introduciendo a una nueva generación de autores que hoy ya son clásicos imprescindibles.

-R: Sí, claro, pese a todo hacía falta una cierta renovación. La mecha la prendió Albert en uno de esos suplementos que dirigió, donde metió a Vera, Kubala, Adanti, incluso los de Mondo Brutto llegaron a escribir en la revista. Luego, con los años, entraron también Ágreda, Vergara, Mauro, Pallarés, Brieva... Había un montón de autores "ya hechos", humoristas gráficos que veías por fanzines o suplementos de prensa y que a nuestro entender tenían un lugar natural en la revista. Muchos de ellos siguen ahí.

- P : El año 2007 surge la polémica con una portada en la que salen los príncipes que ocasiona el secuestro de la revista ¿Cómo recuerdas todo aquello?
- R: Con el tiempo me voy dando cuenta de que es inútil luchar contra ello, va a ser la anécdota de mi vida y punto de inflexión de mi carrera, el techo de mi currículo y la tarjeta de visita. Y lo mismo para Guillermo, estoy seguro. Hay días que lo llevo mejor que otros. En cualquier caso, el trato con jueces y fiscales es desagradable, pero se compensa con la sensación de que, si bien no cambiamos nada, por lo menos pegamos una cierta sacudida. Pusimos en el mapa una incongruencia que hasta entonces estaba muy asumida, la convivencia de un cargo hereditario, el de Jefe del Estado, con lo que es un sistema democrático. Esto no es un descubrimiento patrimonio de "El Jueves", por supuesto, pero era un debate muy soterrado. De hecho, a nivel oficial es un debate que sigue sin existir.
También es un ejercicio curioso enmarcar el ataque de dignidad monárquica que se tuvo con esa portada y rodearlo de todo lo que, con los años, se ha descubierto que escondía la Institución.

- P.: Imagino que mucha gente estaba deseando que llegase el momento de poder hablar del rey de una forma libre.

- R.: No lo sé... ¡nosotros llevábamos mucho tiempo hablando del Rey de una forma libre! Quien no lo había hecho era, básicamente, porque no había querido.

- P.: En paralelo a "El Jueves" continúas realizando otras historias, habitualmente con Glenat (actual EDT) ¿Cómo nace vuestra relación?

- R.: Diría que lo hablamos en un Saló. Yo hacía años que estaba dibujando las historias cortas de "Mantecatos" y más o menos había comentado por ahí que algún día quería sacar un libro con ello. De hecho, con Max y Pere Joan habíamos hablado de sacarlo en Inrevés, pero de repente lo de Glénat me pareció más potente. O algo así. Supongo que en esa época el concepto "álbum de tapa dura" era algo que aún me deslumbraba. Joan Navarro, además, había sido el director de "Cairo", y a mi "El Víbora" me gustaba mucho, pero aprender a dibujar tebeos, esto lo hice con "Cairo". El valor de "El Víbora" lo veo más ahora, pero en su época... yo no era lector de "Cairo", ¡era militante! De hecho, para entonces yo ya había publicado en "Cairo", pero no era el de Navarro... Publicando en Glénat, pues, me sacaba esa especie de espinita. Creo que no valoré gran cosa más en ese momento.

- P.: "Mantecatos" es una colección de historias cortas publicadas en distintas cabeceras. Algunas las redibujas para la ocasión y realizas la historia que da título al álbum.

- R.: Puede parecer exagerado, pero, en el tiempo que estuve dando vueltas al guión de la historia larga del libro, hice todas las demás. Tardé mucho en estar satisfecho del todo, y luego tardé otro tanto en dibujarlo... ¡y eran sólo 19 páginas!
Todo está fuera de lugar en "Mantecatos": haber publicado las historias en sitios diversos le quitó el carácter de libro de cuentos que quería darle para convertirlo en una recopilación. El formato no era tampoco el indicado. Este libro, planteado en la era de la novela gráfica, hubiera sido seguramente otra cosa, un objeto más coherente. Bueno, tampoco hay que darle más vueltas. Contiene tres o cuatro historias que aún creo que son de lo mejor que he hecho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 - P.: En "Rosenda" vemos las aventuras del personaje creado para "Mr. Brain", una maléfica gallina con claras intenciones de dominación.

- R.: Rosenda es lo más cercano que he hecho al mundo de los superhéroes, concretamente de los supervillanos. Es también una colección de gamberradas sobre temas de la actualidad del momento, hace años que no lo miro pero por ahí aparecían la Monarquía, los experimentos genéticos, la televisión, las finanzas... A la vez había también mucho rollo pop, la cultura basura, estaba un poco de moda la recuperación de iconos de ese tono. En resumen, creo que está todo lo que me comía la cabeza en los años que estuve en Barcelona, incluído el ritmo al que vivía por entonces. Es, como se suele decir, un producto muy de su tiempo, ¡o por lo menos del mio!

- P.: En alguna ocasión has dicho que no funcionó muy bien este trabajo, a pesar de incluir el álbum la historieta sobre el perro mistetas, toda una declaración de intenciones.

- R.: No es que lo diga yo, es que las ventas cantan: ni quinientos ejemplares, si no recuerdo mal. Quizás quien tenía que leer "Rosenda" ya lo había hecho en los tiempos de "Mr.Brain", quien sabe. Yo entiendo que como álbum no era muy atractivo, en blanco y negro, con un dibujo que quizás se había hecho viejo... y que dejaba, en cierta manera, la historia inconclusa. De hecho, había un último capítulo, más largo, que en su día aparqué para dibujarlo si algún día se publicaba el libro: un desfile de sabios locos, experimentos genéticos, raros artilugios voladores, muertes, venganzas, el Rey en un concurso de habaneras y veinte hermanas gemelas armadas hasta los dientes. El capítulo se llamaba "Chicas en bikini con metralletas", como la canción de los Cramps. Excepto Rosenda, al final morían todos, cómo no.
Al ganar el premio del Saló por "Mantecatos" me tocó la exposición del año siguiente, cuando aún se hacían con un cierto presupuesto, e incluso hice el cartel del evento. Navarro, con ese entusiasmo marca de la casa, me preguntó si tenía algo para editar ese año aprovechando el supuesto tirón que pudiera representar todo aquello. Y sólo tenía lo de Rosenda. Faltaba rematar todo con ese último capítulo, pero al repasar el guión me di cuenta que jamás dibujaría esa locura, que ya no estaba ni remotamente para eso. Lo honrado hubiera sido olvidar el tema en ese mismo instante, pero a la vez también me sabía mal dejar a Rosenda aparcada sin más. Como vimos que añadiendo lo del perro Mistetas y las tiras de Los Tres Marcianos salía adelante el libro, fuímos a por ello. El público lector puso el criterio allí donde a nosotros nos faltó, esto es así. A veces pasa.

- P.: En 2007 sorprendes con un nuevo título, inédito y combativo: "Súper Puta" ¿Cómo nace la historia?

- R.: "Súper Puta" nace de la casualidad, de una forma muy poco premeditada. Después de "Mantecatos" estuve un tiempo dando vueltas a ver qué podía hacer, mi idea es estar siempre dibujando algo aparte de la colaboración de "El Jueves", no por nada, por no reducir mi misión en el mundo a dibujar cada semana "La Parejita" y ya está. Entonces estuve probando algunas historias cortas con Santiago García, pero no salieron adelante, no terminé ninguna. Es algo que me disgustaba, porque además eran buenos guiones, pero no había manera. Visto desde hoy, creo que ahí tuve una primera crisis con esto de los tebeos, esa sensación de "¿esto es a lo que me quería dedicar?". La mayoría decidimos que seremos dibujantes a una edad en la que la gente normal no decide cosas así. No digo ni que sea bueno ni que sea malo, ojo, sólo apunto el hecho de que, por una parte, una vocación temprana no garantiza que tengas algo que contar cuando seas mayor y, por la otra, que tranquilamente puedes llegar a mayor y pensar "pues qué bien con la vocación temprana, a ver qué hago ahora"...
Total, que estaba sin saber hacia donde tirar, y de repente resultó que llevaba un tiempo enviando, cuando me apetecía, una página de "Súper Puta" a varios amigos con los que tenía contacto vía e-mail: Manolo Bartual, Santiago García, Pepo Pérez, Javier Olivares, Bernardo Vergara... Al principio era como un chiste que hacía antes de meterme en la cama, algo muy pim-pam, hasta que me dí cuenta que dibujar esa página era algo emocionante, vaciar la cabeza y estar abierto a lo que saliera. Si salía bien, premio, una página más. Si salía mal, lo tiraba y empezaba otro día. Creo, de todas formas, que fueron mis amigos quienes me abrieron los ojos: "Súper Puta" iba a ser mi siguiente proyecto.

- P.: En "Súper Puta" realizas un ejercicio de escritura automática, sin bocetos, sin guión previo, de la cabeza al papel casi sin filtros. Pasados los años ¿cómo valoras la experiencia? ¿Volverías a repetir la experiencia?

- R.: Me pasó una cosa que me ayudó a entender el sentido de todo aquello: un día quedé con un amigo, un crítico, tengo amigos críticos y todo. Le había enviado las primeras páginas y le sorprendieron mucho, pero le preocupaba un poco esto de que no hubiera un guión preparado de antemano, que fuera todo tan desatado. Y entonces, para tranquilizarle, le conté el argumento, las soluciones que tenía para reconducir la historia si se me iba la olla demasiado. Tenía mi salvavidas, sí, porque no sólo él sufría, yo mismo había sido siempre fanático de tener cada viñeta bien atada y estructurada, en el fondo me daba un cierto miedo estar haciendo aquello.
Y lo que pasó es que conforme me oí contar la continuación de "Súper Puta" en voz alta, dejó de interesarme. Automáticamente. Al habérselo contado, ya para qué seguir. Ya volvía a ser un guión que había que dibujar, sin interés alguno. A partir de entonces, pues, "Súper Puta" fue mi lucha por avanzar en territorio desconocido. Desviarme a propósito de cualquier camino que se intuyera en el argumento, no tomar notas, nada, sólo dejarme llevar. Y, a la vez, intentar no ser complaciente con lo que estaba haciendo: a esto me ayudaba el hecho de mandar cada página conforme la terminaba, el feedback era parte también del proceso. Y bueno, con sus parones, que los hubo, fue un poco como estar en trance un par de años.
Todo ello me sirvió para replantearme un montón de cosas sobre los cómics que estaba haciendo y los que quería hacer, para resolver un montón de cuestiones y ponerme otras tantas más. Es una lectura difícil, incluso entiendo que para algunos pueda parecer una tomadura de pelo, pero la verdad es que no sé qué estaría haciendo ahora si no la hubiera dibujado. No he inventado nada en "Súper Puta", ojo, hablo siempre de sus logros a nivel de proceso personal.
A nivel práctico, en "Súper Puta" encontré una nueva estética, ¡incluso una rotulación!, y la ya costumbre de ponerme a dibujar con los desarrollos del guión muy abiertos, muy poco acotados. Y en fin, aunque me gustaría ponerme a hacer una nueva "Súper Puta" mañana mismo, ahora tampoco necesito un proceso catártico como aquel. Si lo necesitara lo estaría haciendo, vaya. Por el momento, intentar que las cosas que aprendí en "Súper Puta" se dejen ver en los tebeos que he dibujado desde entonces ya me motiva lo suficiente. Es más obvio en minitebeos como "Aviador" (Badabum, 2011) o mi colaboración en la cajita "Verde" (Autsaider, 2013), pero mis colaboraciones en Orsai o incluso muchas páginas de actualidad de El Jueves también parten de esa premisa: empezar desde cero, sin planteamientos previos, y dejar que la historia se coloque y avance por la página como mejor le convenga.

- P.: Desde tus comienzos colaboras en la prensa local de tu Manresa natal, en la que vas transmitiendo el pulso de la calle, una largo que realizas durante 25 años. En 2007 nace un nuevo periódico "Público", de tirada nacional en el que te vuelcas desde el comienzo ¿Te supone mucho cambio adaptarte?

- R.: Fue una apuesta. O ni eso. Al final, mis años en Regió7 habían sido un aprendizaje intensivo del oficio, había hecho chistes editoriales pero también series semanales, ilustraciones, tiras, personajes, tan pronto para el suplemento infantil como para las páginas de verano... En fin, muy enriquecedor todo, pero a la vez un poco frustrante porque, ya simplemente a nivel económico, esto no me quitaba de tener que ganar dinero "de verdad" en alguna otra parte.
Total, que salió lo de "Público", y mi planteamiento fue un poco "voy a por todas: si sale bien, bingo. Si sale mal, me olvido ya del humor en prensa y me pongo a otras cosas". A mi siempre me había interesado lo de entrar en un medio más allá de lo local, pero sólo lo había intentado muy tímidamente, me parecía un mundo súper cerrado. De hecho, lo es. Y además, en Regió7 disfrutaba de una libertad bárbara, a muchos niveles.

- P.: "Público" daba una especial relevancia al humor gráfico, de hecho tu trabajo pasa a ser una columna de opinión.

- R.: Si, tanto Nacho Escolar, el director, como Fernando Rapa, director de arte, se preocuparon de que no faltara de nada en este aspecto. En el primer número estábamos cinco viñetistas: Mauro Entrialgo, Santi Orue, Medina, Bernardo Vergara y yo. A mi me tocó el chiste de actualidad acompañando a la noticia en la propia página, un trabajo muy a pie del teléfono, muy de batalla. Luego ocupé un puesto en las páginas de opinión, más debajo del foco, como quien dice.
Ya desde el principio mi preocupación fue, por una parte, dar un punto de vista sobre lo que pasaba que no desmereciera en el conjunto de opinadores del diario y, por la otra, y no menos importante, encontrar mi propia voz como humorista gráfico. Los chistes de Mingote eran de una manera, los de Forges de otra, los de El Roto, los de Ferreres, los de Máximo... bueno, pues los míos tenían que tener también personalidad propia y ser reconocibles. Puse, y pongo aún, todo mi empeño en ambas cosas.

- P.: En "Público" se potencia el uso de las redes sociales, algo que beneficia a la difusión de tu trabajo a través del blog. A través de este nuevo espacio te conviertes en un referente para mucha gente ¿cómo llevas la relación con las redes sociales?

- R.: Buf! Bien y mal. Bien porque, por ejemplo, es evidente que sin el blog de "Público" mi trabajo hoy sería muchísimo menos conocido de lo que es. Entiendo la importancia de la herramienta y, por lo tanto, intento aprovecharla en la medida de mis posibilidades. Pero a la vez lo llevo mal porque, a pesar de ello, no acabo de moverme con soltura en el mundo virtual. En general, todo lo que tengo que decir es mi propio trabajo. Si tengo que decir más cosas, trabajo un poco más. He desistido ya de intentar conseguir el título Simpático 2.0, ejercicio al que, por cierto, veo con envidia cómo se abonan varias mentes preclaras de mi generación. Porque además, resulta que el hecho de tener poco que decir no me impide perder bastante tiempo leyendo lo que dicen los demás... ¡esto es, quizás, lo que llevo peor!

- P.: Escribiste una sentida declaración de intenciones sobre los derechos de autor que mucha gente no compartió ¿es complicado explicar estos derechos con la facilidad con la que los trabajos se mueven en internet?

- R.: En las redes sociales es muy complicado explicar cualquier cosa que no sea muy inmediata y sintética. Es una intuición, ojo, pero en general me temo que las cosas con grises no calan hasta que acaban siendo reducidas a blanco o negro puros. En el caso que comentas, hice un chiste sobre la Ley Sinde, de la que, si no recuerdo mal, se empezaba a hablar por entonces. Lo cierto es que debería haber centrado mi viñeta en esa ley, pero buscando por internet me llamó mucho más la atención la pataleta de los internautas ante la posibilidad de perder su derecho al ocio y la cultura gratuita, esa especie de locura colectiva. Venían como una estampida de bisontes y a mi no se me ocurrió otro momento para aplicar la máxima "no siempre hay que decirle al lector lo que tiene ganas de oír", algo en lo que creo firmemente, en cuestionarse y tal.

La respuesta fue bastante estridente, por decirlo de alguna manera. Como entonces andaba pensando en las posibilidades de esto del blog, decidí hacer una historieta matizando el tema, que publiqué a las pocas horas. Pero matizar no entra, o no entró, en los presupuestos, o estás a un lado o estás al otro. Mi historieta decía explicitamente que sí, que la SGAE era una cueva de ladrones, que la Ley Sinde era un peligro, pero también que creo que los autores deben cobrar por su trabajo. Que entiendo que quien no tiene pasta se lo baje gratis, pero que en fin, que si no hay derechos de autor habrá que encontrar otra cosa porque del aire no se vive. Todo ello expresado en un tono lejano al de pedir perdón, eso sí, así somos los humoristas.

Bueno, quedó todo en "no te enteras" y poco más. En el mejor de los casos, la respuesta fue "si quieres ganar dinero tienes que imaginar alternativas", dicho como algo que tenemos que hacer los autores en los ratos libres y sin dejar de producir para la máquina. Como si alguien nos hiciera caso. En fin, da igual. Con los años, trabajo en un diario que se cuelga íntegro en la red, y lo mismo hago en la revista Orsai o la editorial ¡Caramba!, preocupadas ambas en buscar alternativas a la distribución tradicional. Dejo abiertos en mi blog trabajos realizados para diferentes revistas y, cuando se me ocurren, hasta dibujo chistes expresamente para twitter. Aún así, de vez en cuando vuelve a aparecer un internauta acusándome de promover la SGAE, la ley Sinde, o la que ha venido detrás. No sé, me sorprende, pero intento no darle mayor importancia. En cualquier caso, eso sí, sigo defendiendo que el autor debe tener el derecho de decidir cómo da a conocer su obra, y que alguna ley debe haber que le proteja. Y hablo del autor, no de la industria. Lo haga bien o lo haga mal, al gusto de todos o al suyo propio: es su trabajo y debe poder hacer con él lo que le plazca.

- P.: Astiberri comienza a publicar una selección de tus mejores tiras. Hasta ahora se han publicado "La crisis está siendo un éxito" y "Ésto es importantísimo", dedicados a la crisis y "Profundamente anticlerical", dedicado a la iglesia ¿Preparas nuevos volúmenes?

- R.: No, en principio la selección de Público se acaba con estos tomos. A partir de ahora, lo que saque con Astiberri será todo inédito y fresco.

 

 

 

- P.: El año 2012 "Público" desaparece y nace "Eldiario.es", directamente para web ¿El modelo de prensa para papel es ya caduco o sigue teniendo su espacio?

- R.: No sé si es ya caduco, pero todo parece indicar que pronto lo será. Por el tema del papel, y quizás también por este espíritu empresarial que vende periódicos como quien vende camisas, esa especie de degradación de la prensa que viene de lejos y que es un lastre enorme ahora, cuando hay que aguantar con el agua al cuello. No sé tanto como para atreverme a decir cómo se reformulará el modelo de negocio, ni tan siquiera si existirá un solo modelo de negocio, pero periodismo habrá, eso creo que sí. "A pesar de todo", como dicen en elDiario.es. De hecho, empieza a verse por donde irán los tiros, y en este sentido, estar en elDiario.es me reconforta enormemente.
Me preocupa más, para qué negarlo, la reformulación de las revistas. En los momentos en los que estoy negativo las veo como un producto contrario a internet. El hecho de que salga todo el material a la vez un día a la semana, o que para leer la serie de un autor que te gusta tengas que pagar también por la de uno que no te guste, todo esto me parecen problemas a resolver. Visto en positivo, internet puede devolver a la revista su carácter unitario, lo que antes decíamos "el espíritu". En internet hay que ofrecer un producto súper compacto, no tendría sentido ofrecer un cajón de sastre dentro del cajón de sastre que ya es la propia red. Lo digo todo con la boca pequeña, ojo, cualquiera se atreve a predecir nada en este sentido.
En cualquier caso, mi obsesión con Internet parte de su inmediatez. No sé si el chiste que estamos colgando ahora mismo en los periódicos es el indicado, esa viñeta curradita que dibujas para que aparezca a las siete de la mañana del día siguiente. A la velocidad con que se queman las noticias en la red, igual tendría más valor hacer un seguimiento, digamos, "en directo", cada vez que hiciera falta (dentro de los límites de un cierto sentido común), aunque fuera a costa de sacrificar aspectos gráficos o de lenguaje y hubiera que volver a algo más esencial. Los chistes que a veces cuelgo en twitter apuntan en esa dirección.
Porque otra cosa es que mis chistes, tal como ya los venía publicando en "Público", son muy gráficos, muy para papel, con títulos y diagramaciones en una tradición muy de producto impreso. Pero intuyo que para la red hay que buscar en otra dirección, que lo virtual debe tener sus propios recursos y habría que aprovecharlos, aunque ello nos lleve a hacer chistes que luego no se puedan recopilar en un bonito libro. Hablo de temas de formato, de lenguaje, no tanto de aspectos técnicos. O quizás sí. Bueno, ya se irá viendo.

- P.: El último Premio Nacional de ilustración, habitualmente destinado a la ilustración editorial, ha recaído en El Roto, un clásico del humor gráfico ¿Crees que ha mejorado la concepción del humorista gráfico o la situación política ha hecho que su trabajo cobre una nueva dimensión?

- R.: El 15M del 2011 nos pilló en Valladolid, en los diálogos del Señor Boliche, y la plaza donde estaban concentrados los manifestantes estaba literalmente empapelada de viñetas de El Roto. Supongo que en tiempos como ahora, más confusos, se valora más a quien es capaz de concentrar de forma sintética, límpia e ingeniosa, el descontento que comparte la mayoría. Ver los chistes de El Roto colgando por toda esa plaza me hizo pensar en los cantautores de los 70. Muchos cantantes están hoy preocupadísimos por sus derechos, por el apoyo institucional a la cultura, pero llega una crisis y todo lo que te ofrecen es una nueva remesa de canciones de amor. A falta de otra cosa, los humoristas intentamos acompañar a "los buenos", arroparles un poco. Quizás suene un poco ampuloso, pero las canciones de esta crisis las está escribiendo El Roto con sus chistes.
Tengo que decir, tangencialmente, que me molestó un poco el Premio Nacional a El Roto en cuanto que se lo dieron como ilustrador... ¿Ilustrador de qué? ¿De sus propios textos? La viñeta de prensa no es ilustración, es historieta, ¡esto deberían saberlo las personas que dan premios tan importantes!

- P.: En una larga entrevista para el U, el hijo de Urich en 1998 comentabas que el mundo del cómic se había apartado de la realidad buscando alternativas escapistas y cerrando sus puertas al público ¿crees que la situación ha cambiado o sigue pecando de lo mismo el mundo de las viñetas?

- R.: Recuerdo la entrevista en U, pero no voy a cometer el error de tocar una revista de esas para deprimirme releyendo mis insensateces... Obviamente, desde 1998 ha cambiado todo mucho. Ahora mismo estoy muy contento con el rumbo que han tomado los acontecimientos. Las historietas que queríamos hacer al cierre de "Mr.Brain" como algo "distinto" siguen siendo distintas, pero también ya habituales, encuadradas en el presente y perfectamente asumidas por el lector del siglo XXI. La indústria está hundida desde el mismo momento en que empecé con esto, pero por lo menos ahora hay un margen para la creatividad mucho mayor y un público más amplio, lo cual constituye una oportunidad en si mismo. Sigue siendo un momento de transición, tenemos la ocasión de decidir qué queremos que sea el cómic y, luego, actuar en consecuencia.

- P.: ¿Proyectos?

- R.: No sé. Quizás algo más cercano al periodismo, a lo que es la opinión. Desarrollar el concepto chiste de prensa hasta una especie de larga historieta de prensa. Ya veremos. Cualquier cosa con la que, de repente, me sienta cómodo y sea nueva para mi. O, quizás, intentar ser Tardi ya de una vez. Lo que pase primero.

- P.: ¿Cómo te ves en el futuro?

- R.: Dibujando mucho y entregando tarde... ¡como siempre, vaya!