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Villa Wanda. Entrevista a Eduardo Bravo

Villa Wanda. Entrevista a Eduardo Bravo

 

La muerte de Licio Gelli es el punto de inicio de una importante investigación de Edu Bravo sobre la figura del controvertido personaje que le lleva a ahondar en cómo se ha ido instaurando la corrupción en la sociedad italiana desde los años 50. Un apasionante análisis que recorre todos los estamentos del país, desde la alta sociedad hasta la cultura. Con una particular estructura de capítulos que consigue el máximo dinamismo, Bravo nos abre la puerta a uno de los mayores escándalos del siglo XX que extiende su dominio hasta nuestros tiempos. Con el autor hablamos de Villa Wanda.

Pregunta: ¿Qué es Villa Wanda?

Villa Wanda es la mansión en la que vivió y murió Licio Gelli, uno de los personajes más oscuros del siglo XX, como se puede comprobar con la lectura de… Villa Wanda.

Esta otra Villa Wanda es un libro que repasa algunos de los acontecimientos sucedidos en Italia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y hasta los años 80/90. Unos hechos que, aunque eran locales, marcaron buena parte de la política europea de esas décadas. En Villa Wanda se dan cita servicios secretos, mafiosos, banqueros, masones que no respetan los principios de la francmasonería, guerrilleros de izquierdas, asesinos de ultraderecha… En definitiva, un libro que parece una novela negra con la salvedad de que los hechos que se cuentan no son ficción sino verídicos.

P: ¿Cómo nace la obra?

Villa Wanda nace en diciembre de 2015 con la noticia del fallecimiento de Licio Gelli. Mi infancia y adolescencia transcurrió en los 70 y 80. Crecí leyendo y oyendo cosas sobre la logia Propaganda Dos, el Banco Ambrosiano, la Banca Vaticana, la matanza de la estación de Bolonia, las Brigadas Rojas… La importancia de esos temas había sido tal en la época, que me llamó mucho la atención que, salvo un par de necrológicas, ningún medio de comunicación español se hubiera hecho eco de la muerte de Gelli. A partir de ese momento volví a interesarme por el tema. Refresqué cosas que sabía, descubrí cosas de las que no tenía ni idea y, cuando vi lo interesante del tema y la trascendencia política, pensé que sería buena idea escribir sobre ello.

P.: En el libro descubrimos las raíces de la corrupción endémica que asola desde hace décadas en Italia. ¿Cómo ha sido la inmersión en este mundo?

Para mí ha sido apasionante. De hecho, el tema me resulta tan interesante que una de las premisas que me puse al hacer Villa Wanda fue que, por mucho que a mí me gustase, tenía que hacerlo atractivo para los lectores. Por mí hubiera hecho un libro de miles de páginas, pero dudo que alguien se lo hubiera leído. Por eso, la dificultad de Villa Wanda fue, además de investigar el tema y entenderlo hasta donde es posible, sintetizarlo. Creo que así, un lector poco interesado puede encontrar el libro ameno y un lector que quisiera profundizar encontraría en Villa Wanda las pistas necesarias para seguir buscando por su cuenta.

P.: En el libro vemos muchas historias que o han salido a la luz de un modo muy velado, o directamente nunca han sido reconocidas oficialmente ¿Cómo ha sido la documentación de la obra?

La documentación procede de libros, revistas, periódicos, entrevistas y documentales. Lo más curioso del caso es que no he manejado ningún documento que no esté al alcance de cualquiera. Es decir, si se habla de los ejércitos secretos de la OTAN y la red Gladio, no he tenido acceso a documentos exclusivos sino a materiales que son públicos. Por otra parte, he tenido que actualizar y contrastar mucha información porque, desde los años 70 hasta ahora, se han conocido nuevos datos de muchos de los temas tratados. De hecho, ahora mismo sigue habiendo comisiones de investigación sobre el Caso Moro o sobre el terrorismo negro. Si lees un libro sobre el caso publicado en los 80, posiblemente muchas de las cosas que aparezcan ahí estén incompletas.

Además de eso, he tenido que tener cuidado con las fuentes porque muchos de los medios de la época, por ejemplo, Corriere della Sera, estaban vinculados a la logia Propaganda Dos y Licio Gelli. Algunas de las informaciones que se publicaban al respecto en ese diario hay que tomarlas con cierta cautela.

Por último, he intentado en la medida de lo posible huir de las teorías conspiranoicas o de aquellos hechos que no estén más o menos comprobados. En ocasiones seguro que no lo he conseguido y algo se me habrá colado. En otros casos, he considerado que había que ponerlos porque forman parte del relato por muy delirantes que sean. Es el caso de la ouija que se supone se realizó para conocer el paradero de Aldo Moro. El dato que arrojó esa supuesta sesión de espiritismo era algo que habían averiguado los servicios secretos. Para no descubrir la fuente, se dijo lo de la ouija. En ese caso, ¿se hizo la ouija? ¿Fue ella la que dio el dato en caso de que se hiciera? En mi opinión no, pero sí es cierto que ese hecho sobrenatural se ha incorporado al relato de lo sucedido. No citarlo puede ser tan discutible como hacerlo.

P.: Para realizar el libro has entrevistado a prestigiosos pensadores e incluso vives de cerca la muerte de Dario Fo.

El tema era tan complejo que consideré importante recurrir a aquellas personas que, por sus conocimientos o por haber vivido los hechos en primera persona, podían dar una versión fidedigna de lo sucedido. Algunos aceptaron la propuesta, como Daniele Ganser, Matteo Re, Alvaro Bertani o Fausto Amodei. Otros prefirieron no participar. Es el caso de Renato Curcio, uno de los fundadores de Brigadas Rojas, que declinó la invitación pero que tuvo la amabilidad de responder. Entre las personas a las que recurrí se encontraba Dario Fo. Me interesaba mucho que hablase de Muerte accidental de un anarquista, obra basada en la extraña muerte en una comisaría de Milán de Pinelli, uno de los anarquistas acusado falsamente de cometer el atentado de Piazza Fontana. Contacté con el entorno de Fo, me atendieron maravillosamente y el escritor aceptó contestar un cuestionario que le envié por mail. En una de las últimas comunicaciones con ellos se disculpaban por la demora en responder. Explicaban que era por cuestiones de salud de Fo y que en cuanto se recuperase se pondría con ello. Lamentablemente, un par de días después falleció.

P.: La estructura del libro es muy singular. En cada capítulo tratas un tema de forma independiente y tras la lectura final es el propio lector el que tiene una visión global del tema.

Villa Wanda es un juego que funciona como un rompecabezas. El lector va descubriendo las diferentes piezas y tiene que ir encajándolas hasta hacerse una idea del conjunto. De esta forma, se suceden piezas breves, crónicas periodísticas, perfiles biográficos o entrevistas que, en ocasiones, adelantan datos o informaciones cuyo sentido se descubre más adelante. Este juego puede generar cierta extrañeza, pero creo que lo hace más atractivo que una narración lineal.

P.: Abres el libro con una figura muy controvertida que extenderá su presencia a lo largo de todo el libro de un modo más o menos velado: Licio Gelli, un personaje que poco se conoce fuera de Italia pero que ha marcado su rumbo de un modo más o menos evidente.

Licio Gelli es una figura clave en la historia europea del siglo XX. Era un fascista declarado que luchó en la Guerra Civil con Franco, más tarde en la Mundial con Mussolini y que luego se reincorporó a la vida civil sin ningún contratiempo. A partir de entonces, continuó defendiendo sus ideas de ultraderecha a través de una tupida red de relaciones en la que estaban implicados servicios secretos internacionales, políticos, militares, empresarios, medios de comunicación… Todo para obtener más poder, más dinero y neutralizar a las fuerzas de izquierdas en Italia y, en la medida de sus posibilidades, también en Europa.

P.: En Villa Wanda vemos las continuas relaciones entre la mafia italiana asentada en Estados Unidos y los gobiernos tanto italianos como americanos.

La mafia norteamericana está emparentada por lazos familiares con la italiana. Cuando los estadounidenses desembarcan en la Península durante la Guerra Mundial, es la mafia de Estados Unidos la que les sirve de mediador con las mafias locales. Esas buenas relaciones durante la guerra se estrecharon aún más en la postguerra. Los mafiosos locales acabaron siendo los alcaldes de los pueblos y, posteriormente, no dudaron en ayudar a los norteamericanos para neutralizar a los partisanos y a los partidos de izquierdas.

P.: Sorprende el capítulo dedicado a los ejércitos secretos asentados en la gran parte de los países occidentales.

El tema de los ejércitos secretos de la OTAN en Europa es algo alucinante. Por lo interesante del tema y por lo que supone de vulneración de la soberanía de los países. Durante los años 60 y 70 la CIA, junto con otros servicios secretos europeos, puso en marcha una red de ejércitos para repeler una posible invasión soviética en Europa. Para ello reclutaron gente, dieron financiación y realizaron ejercicios de entrenamiento, algunos de los cuales provocaron la muerte de civiles. A día de hoy, nadie ha sido procesado o condenado por ello.

P.: En el libro hablas de la estrategia de la tensión y de los atentados destinados a desestabilizar el sistema y asegurar la permanencia de la derecha en el poder.

En su interés por combatir el comunismo, esos ejércitos secretos estuvieron implicados en atentados contra la población civil. Aunque eran ataques realizados por grupos vinculados a los servicios secretos y a la ultraderecha, las investigaciones policiales siempre se centraban en los grupos de izquierda, con la intención de desprestigiarlos, criminalizarlos y poderlos reprimir.

P.: Un punto de inflexión será la matanza de Piazza Fontana.

Piazza Fontana es uno de los atentados más importantes, no solo por el hecho en sí, sino por las derivadas posteriores. La investigación del caso es claramente tendenciosa y se dirige intencionadamente contra los grupos de izquierdas. Se detiene a Valpreda y Pinelli, dos anarquistas que no tuvieron nada que ver con el hecho. Durante los interrogatorios, Pinelli cayó por la ventana de la comisaría donde estaba siendo interrogado y falleció. Como era de esperar, la investigación de la muerte no fue todo lo clara que debería, lo que añadió más dudas al respecto. Dario Fo escribió Muerte accidental de un anarquista en base a lo sucedido y, tiempo después, el comisario Calabresi fue asesinado en venganza por la muerte de Pinelli. Por todo ello Piazza Fontana es uno de los hecho que marcará los años siguientes en Italia. Pero hubo muchos más atentados, como el del tren Italicus, el de la estación de Bolonia o el de la Piazza della Logia en el que estallaron varios artefactos mientras se celebraba una manifestación de izquierdas. Todos con implicación de la ultraderecha y los servicios secretos, pero culpabilizando de ello a los grupos de izquierda, algunos de los cuales tampoco eran unos angelitos, todo hay que decirlo, pero que en esos casos no tuvieron nada que ver.

P.: En Villa Wanda recorres todos los estamentos de la sociedad italiana, de la alta política hasta las bandas callejeras organizadas.

La corrupción en Italia en esa época estaba como el gordo deNavidad, muy repartida. Afectaba a la oligarquía empresarial, al gobierno, a los partidos políticos, el clero, a la policía, al ejército, a los servicios secretos y, por supuesto, a las organizaciones criminales. Lo más curioso del tema es que, en un determinado momento, todos esos estamentos de la sociedad se ayudan para conseguir sus fines políticos, económicos o de poder.

P.: A través del libro vemos la impunidad con la que las desapariciones y asesinatos se consienten cuando se acercan a los círculos de poder.

Sí, como te decía antes, en esa época confluyen una serie de grupos que, aunque tienen características muy diferentes, comparten una serie de intereses comunes: el gusto por el poder, el dinero y la ideología de derechas. De hecho, entre ellos se establecen ciertas alianzas de colaboración que se mantienen hasta que a alguno de esos estamentos la actuación de los demás les resulta incómoda. Por ejemplo, empresarios o políticos recurrieron en ocasiones a bandas criminales como la de la Magliana para conseguir algunos de sus objetivos. Si esas bandas cometían asesinatos, esos asesinatos eran tapados por policías, militares o jueces corruptos que obstaculizaban las investigaciones o destruían pruebas. Sin embargo, llegó un momento en que a esos grupos de poder la violencia cruda de las bandas de barrio les resultó incómoda y difícil de manejar porque generaba alarma social. Cuando eso sucedió, no dudaron en prescindir de esa bandas. Para ello utilizaron de nuevo a la policía, que ya no hacía la vista gorda o que, directamente, las persiguió. Lo importante es que esa decisión no hizo que la corrupción desapareciera. Sencillamente se sofisticó, se hizo más elegante y optó por métodos que no alarmasen tanto a la población. Es un poco lo que sucede en España: están robando a manos llenas, pero el hecho de que no haya muertos por las calles, hace que la situación sea más llevadera. En Italia se llevaban el dinero y por el camino te dejaban un par de cadáveres en mitad de la calle. Eso siempre es más desagradable, llama más la atención de la opinión pública y es más complicado de tapar.

P.: ¿Hablar de la corrupción en Italia sin hablar de la banca vaticana es posible?

Bueno, es posible en la medida en que si le quitásemos a Italia el escándalo de la Banca Vaticana, aún quedarían muchos otros temas de corrupción. (Es broma). Visto así no es imprescindible, pero lo cierto es que es uno de los grandes casos de corrupción del siglo XX. A pesar de lo mucho que se ha investigado sobre él hay muchas cosas que se desconocen y otras muchas son intoxicaciones informativas. No es para menos pues que una institución dependiente de la máxima autoridad católica esté implicada en estafas, fraudes, desapariciones y asesinatos es delicado para el negocio.

P.: La política está muy presente en el libro, brillando con luz propia la figura de Andreotti.

Andreotti es un personaje asombroso. Casi tanto como Licio Gelli o incluso más porque estuvo implicado en casi las mismas cosas que Gelli pero desde algunos de los mas altos cargos políticos de la República. Andreotti es un estratega a la altura de un Julio César, un Maquiavelo, un Fouché o un Kissinger. En el futuro habrá gente que estudiará su vida como ejemplo de hombre político. Andreotti aprovechó para su propio beneficio desde los sucesos más insignificantes de la vida cotidiana hasta los grandes hechos de Estado. Estuvo procesado en varias ocasiones por cosas tan graves como tener acuerdos con organizaciones mafiosas y ordenar asesinatos. Aunque fue procesado y condenado en algunas instancias, finalmente fue absuelto, por lo que murió libre y sin una mancha en su historial. Realmente admirable.

P.: Las Brigadas Rojas o la figura de Aldo Moro te permiten analizar la complicada situación política del país.

Italia era una locura. Los asuntos de Estado se mezclaban con los intereses más mezquinos y egoístas. El caso Moro es un buen ejemplo de ello. Colegas del líder de Democracia Cristiana vieron en su secuestro una forma de medrar políticamente dentro del partido. Muchos miraron para otro lado, dando a entender que preferían un desenlace dramático para Moro que volverlo a tener en las filas del partido. De hecho, las propias Brigadas Rojas aparecen en el caso Moro como instrumento de ese mismo poder al que pretenden combatir, viéndose “obligadas” a un desenlace que no les beneficia precisamente, sino todo lo contrario. Pero todo lo que se pueda decir del caso Moro siempre estará incompleto. Además de lo que no se conoce, hay mil matices y detalles que hacen que cualquier simplificación, incluso la que yo mismo te acabo de hacer, resulte un muy osada y no del todo exacta.

P.: La parte final del libro está dedicada a ver cómo se refleja en la cultura la situación del país, desde la música hasta la literatura con libros como La vida agria.

Me parecía interesante mostrar cómo todo el ambiente político había influido en la cultura de la época. Desde la Muerte accidental de un anarquista de Dario Fo a la canción política de la época de Fausto Amodei o Fabrizio de André. Sin olvidar la literatura con títulos como La vida agria. Son obras en las que están muy presentes el conflicto social, la violencia y la visión crítica del boom económico italiano que, para gente como Bianciardi, no fue tal. Lo más asombroso es que lo que cuenta Bianciardi en La vida agria parece haber sido escrito hace un mes. Creo que nadie habría imaginado que casi cincuenta años después de su publicación íbamos a estar en una situación de precariedad laboral y social semejante a la que él narra La vida agria.

P.: Villa Wanda se estructura en un cuerpo central en el que cuantas la historia salpicado de fotografías y documentos de época que analizas con humor en los pies de foto.

Villa Wanda tiene diferentes niveles de lectura. Uno de ellos son los artículos, otro las fotos y un tercero un montón de chistes y referencias que están más escondidas, como los easter eggs de los videojuegos, para el que quiera buscarlos. Las fotos sirven para aligerar la lectura e introducir al lector en la historia. No fue fácil seleccionarlas porque no quería que el libro quedase truculento y, para qué engañarnos, lo que abundó en esa época fueron muertos y violencia. Luego, es cierto que algunos de los pies de fotos están escritos con humor. Es una forma de rebajar la tensión y de engrasar el mensaje porque, en mi opinión, el humor no está reñido con el rigor de lo que se cuenta.

P.: Con Villa Wanda la editorial Autsaider, centrada en la edición de cómics hasta la fecha, abre su abanico a libros de análisis. ¿Cómo vives el salto?

Para mí ha sido alucinante que Villa Wanda fuera el primer título de la División Sesuda de Autsaider Cómics. Es una colección que mantendrá la filosofía gamberra de Autsaider pero explorará otros territorios como la entrevista, el ensayo, el libro ilustrado… El siguiente título será 9 chismes, un volumen de relatos breves de Santiago Lorenzo ilustrados por Mireia Pérez, y ya está en preparación un libro de entrevistas de Kike Infame a Mauro Entrialgo. Poder compartir colección con todos ellos es un lujazo.

P.: Has colaborado durante años con la prensa subterránea e incluso eres parte del núcleo fundador de Mongolia. ¿Ha sido muy distinta la elaboración del libro que las anteriores propuestas?

El otro día Diego A. Manrique escribía sobre Villa Wanda. Repasaba las cosas que recordaba que había hecho y la verdad es que hasta yo me sorprendí. Mi primer fanzine se llamaba Serenidade, manual del usuario y trataba de bossa nova, fui uno de los profesores de la Musical Geographic Society que organizaba discofórums en los que entregaba sus boletines informativos, fui uno de los Hermanos Pizarro, hice Viernes Peronistas y he colaborado en otras publicaciones subterráneas. Como tú mencionas, también fui fundador de Mongolia pero dejé el proyecto hace casi dos años. Por concepto, por diseño, por humor, por contenido y por la libertad al hacerlo, Villa Wanda le debe mucho más a todos esos proyectos pasados que a Mongolia que, visto con perspectiva, es como una anomalía en mi trayectoria. Definitivamente, me siento más a gusto en el underground y en la independencia que en el mainstream y las servidumbres que conlleva.

P.: ¿Proyectos?

Alguno hay, pero creo que tardaré un poco en ponerme con ello. Hacer proyectos de este tipo es un poco como jugar. Si te gusta el tema, disfrutas buscando información, dándole forma al proyecto, escribiéndolo. Luego ya se complica un poco más porque hay que ver cómo será el diseño, corregirlo, ver que todo está bien… Por ahora creo que voy a jugar un rato. Ya habrá tiempo para las prisas y los nervios más adelante.

 

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